Wednesday, June 13, 2007

Ámbar, mi droga


Puedo decir que el café es lo más parecido a una droga
para escribir. Por lo menos para mí. Puedo decir eso y que estoy enamorado. Lo del café quizás tenga discusión. Tengo amigos que les produce el efecto contrario. O sea, se ponen a dormir cuando lo beben.

También, como dije antes, estoy enamorado.

Creo que estar enamorado es lo más parecido a no querer que el tiempo pase. Pero el tiempo siempre pasa. Y las cosas, las relaciones, los sentimientos, incluso las personas, se van desgastando. Es parte de un ciclo natural. Incluso suena como un ciclo natural. Algo así como cuando uno escucha eso de nacer, desarrollarse y morir. Y seguramente. Y, muy seguramente (rectifico), uno cuando está enamorado no quiere que el sentimiento pase. O, por lo menos, o, lo que puede ser peor, uno nunca quiere quedarse queriendo solo. Eso también suena natural. Y sí que lo es. Es parte de una especie de egoísmo que todos tenemos metido dentro.

Y, además de estar enamorado, estoy seriamente comprometido. Lo que no es lo mismo, y no siempre es consiguiente. Eso bajo ningún aspecto. Creo, siento, incluso, que la cosa es recíproca. Lo que ha hecho cambiar varios aspectos de mi vida. Me encantaría decir que para mejor, pero decir eso sería mentir. Tampoco es para peor. El tema es que aún no sé si los
cambios que he experimentado y, principalmente, sentido; me perjudican o me favorecen. Eso seguramente lo dirá el tiempo. Aunque el tiempo no hable. O quizá el tiempo ni exista.

También puedo decir que de quien estoy seriamente enamorado es Ámbar Nakeb.

Y en realidad siento que si no me hubiera enamorado de ella, no me hubiera enamorado de nadie. De hecho me llama mucho más la atención el hecho de haberme enamorado de alguien, que el hecho de estar con alguien. Creo que no estaba en mis planes. No sé si algu
ien lo planeará en realidad. Pero yo por lo menos, no lo esperaba. Aunque siento que nunca dejé de pensar en ella.

Nunca dejé de pensar en ella, porque la conocí hace un par de años. Creo que en un verano. En alguno de esos veranos que tenía hace un par de años. Un par de años como esos años en los que era posible hacer lo que fuera. Antes no tenía tanto miedo como ahora. Recuerdo que ella siempre me llamó la atención. Ahora que lo pienso, hasta siento el momento que por primera vez la vi. Ella estaba tapándome el sol. La vi y pareciera que mi respiración se hubiera detenido un segundo. Eso recuerdo.

Y el café es una buena droga.
Ámbar también es como una droga.


Sunday, February 18, 2007

No mucho más que un poco de realidad


El hombre más cúl de la televisión, de la radio, y de los comerciales de multitiendas, ahora se dedica a cantar. Canta algo así como que su mamá le está llamando por teléfono todo el rato. Y que eso le da miedo. A mí también me da miedo que mi mamá me llame por teléfono, siempre que ella lo hace o es para preguntar qué estoy haciendo y dónde estoy, o para mandarme a hacer algo que seguramente no me gustará mucho hacer. Creo que así son las mamás. Todas son iguales. Tienen necesariamente que ser iguales.

Otra cosa que me da vueltas en la cabeza son los comentarios en los fotologs. ¿Será posible que todo el mundo sea siempre tan amable? Todo el mundo se quiere ver con todo el mundo. Y todo el mundo se quiere juntar a carretear (o a “tomarse unas chelitas”) con todo el mundo. Todo el mundo ama a todo el mundo. Todo el mundo extraña a todo el mundo. Y todo el mundo agrega a “efés” (¿qué será eso?) a todo el mundo. Entendamos esto como parte de la falsedad que tenemos inmiscuida en nuestra idiosincrasia. Pienso que sería buena idea hacerme un fotolog. El fotolog del Benja Cruz. Ahí seguramente toda la gente me querría. Por lo menos sería una ventana cibernética de felicidad.

Hace un tiempo conocí por uno de estos fotolog a una chica que se veía bastante bien en su sitio de fotos. Era una de las favoritas que tenía el Guata en su propia página pro-hedonismo. Yo le hice uno de esos comentarios falsos: “Hola. Rico conocerte. Lindas fotos, visita mi blog...”. Ella lo visitó. Empezamos a hablar. Hasta que nos juntamos, un día cualquiera, a tomar algo. La reunión fue en Manuel Montt (me gusta Manuel Montt, aunque esté trillado). Yo pedí un ron, ella un Daikiri (creo que así se escribe) y conversamos, nos reímos hasta bien tarde.

- Yo pensaba que la gente ponía las fotos que más le acomodaban, en las que se veía mejor, en su fotolog. –dije antes de poner los labios en mi vaso.
- Pero si así es –me dijo ella.
- No lo creo. Tú eres mucho más bella en persona.

Ella se llamaba Pía. Pía es un nombre que no me cae bien. Pía es casi como no tener nombre, es como el diminutivo de uno.

La cosa es que conversamos de la vida, nos reímos otro tanto, y tuvimos muy buena onda. La fui a dejar a su casa. No pasó mucho en realidad. Creo que lo más interesante fue haber tenido una relación humana con alguien que existía sólo en mi computador. Pensé que no se podía. Que la gente que está detrás, en el ciber espacio, es sólo ficción. Y no. También es de carne y hueso.

Tuesday, January 09, 2007

El Idioma de Tus Ojos


No sé bien por qué, pero ahora, en medio de la noche, en plena madrugada de un caluroso enero, me siento a escribir sobre ti. Siendo que seguramente lo que debería estar haciendo es dormir contigo, haciéndote cucharitas, como a ti te gusta. Y como a mí me gusta también. Y hablo de estar escribiendo ahora como algo anormal, porque tú, mujer que tanto soñé, estás a esta hora durmiendo en mi cama, con las piernas recogidas y dejando ver su silueta sólo tapada por mi sábana celeste a rayas blancas. De verdad, no entiendo qué hago acá, escribiendo. Te debería estar abrazando, demostrándote mi casi amor después de haber hecho el amor de la manera que lo hicimos. Y es que yo no suelo contar estas cosas de ésta manera, pero ahora, como pocas veces, intento traspasar sentimientos más que carne. Y hace no mucho rato tuvimos carne, pero también te dije al oído que “para mí esto no es follar”. Aunque casi sé que para ti sí lo es. Aunque te cargue decirlo y asumir que sueles guiarte por la carne y el sexo. Quizás no lo aceptas de la boca hacia fuera solamente. Quizás también estoy ahora escribiendo porque necesito dejar plasmado el sentimiento que casi me rebasa (lo siento dentro del pecho). Quizá, también esté escribiendo esto –que no sé bien qué es- porque me siento enamorado de ti y porque tengo la mala costumbre de no darme cuenta, o no querer darme cuenta de ello. Creo que sería mala idea enamorarme de ti. Sería lo más cercano a tirarse desde el décimo piso de un edificio directo al poco acogedor pavimento de cualquier calle. Sin duda te tengo miedo. Y quizá por eso también ahora esté escribiendo y escribiendo sin querer terminar jamás: por miedo. Por el miedo que tú inspiras en mí. Por la seguridad que sé que tienes. O, incluso, la inseguridad (no sé cómo explicarlo) que hace que pareciera que no sabes nada de lo que quieres y que cada cosa que se hace tuya la puedes desechar de un momento a otro sin que se te remuerda la conciencia ni un poco. No quiero decir que eres una mala mujer, muy por el contrario. Pero puedo decir que no eres una buena persona de la cual enamorarse. Porque tú no te enamoras. Quizá nunca te has enamorado de verdad. ¿Y por qué deberías enamorarte de mí? De un pobre tipo que no le gana a nadie en nada. Que ni siquiera suele empatar. (Eso se está empezando a transformar en una especie de lema de mi existencia).

Te acabo de mirar y eso dio como para haber hecho un punto aparte. Lo digo porque te quedé mirando por lo menos cinco minutos. Pensando mil cosas. Puedo decir que en mi cama nunca había dormido una mujer tan hermosa. Puedo describir cómo estás: Con tu polera corta amarilla y unos calzones blancos con bordes celeste, cubierta con mi sábana (que espero quede impregnada con tu olor). Con una mano por sobre tu cabeza y la otra afirmándote una oreja. Levemente inclinada. Con una pierna recogida. Con tus ojos bien cerrados y una especie de luz que me trasmite algo que no suelo sentir (no quiero asustar a nadie diciendo que nunca antes lo había sentido). Y yo, como idiota, escribe que escribe, sin poder (sin querer) dejar de hacerlo. Quizá simplemente porque sí. Seguramente sin un sentido fijo. Y tenerte a mis espaldas, mientras yo sigo intentando describir lo que para mí es realmente indescriptible, me calma, me tranquiliza, me da paz. Porque, pensándolo bien, si ahora me parar y fuera donde tú estás durmiendo, y te diera un beso mientras sueñas quizás en qué, no haría mucho más que lograr que el amor que tengo, que te tengo, se agrande y logre tocarte. Y eso no es lo que realmente me asusta. Sino que me asusta, por sobre todo que lo sepas, que sepas y entiendas lo que siento por ti. Soy cobarde. Lo sé. Y lo quiero seguir siendo.

Tú me inspiras demasiado amor. Amor que no estoy dispuesto a entregar. ¿Por qué? Porque así no corro riesgo. Así no daño a nadie y nadie me daña a mí. Es un buen trato. Y porque, como te dije, lamentablemente me cuesta confiar en ti. Y ahí tú como que te sentiste, pero al poco rato te diste cuenta que yo tenía razón. Y no me lo dijiste (pero yo bien lo supe) porque nunca vas a aceptar que a veces yo te gano. Aunque sueles ser tú la que gana en todo y yo tampoco lo asumo mucho. Y si empezamos a hablar de ganar y/o perder tú y yo sabemos que perder es lo que más podemos sacar de esto. Porque sí. Casi simplemente porque sí. Porque ambos no estamos tan cuerdos. Porque no sabemos mucho lo que queremos. Porque ambos tiritamos de miedo al saber del otro. Porque estoy seguro que a ti, al igual que a mí, también se te llena el pecho de puntitos como Peta-Zetas cuando sabemos algo del otro. Y quizá eso no sea amor. Y eso es algo muy probable. Pero por lo menos es algo muy parecido. Y sabe parecido.

Puedo decir que sabes parecido a un sueño. Si alguna vez alguien pudiera morder un sueño me entendería. Tú haces que el tiempo contigo se haga pasado inmediatamente. Creo que viviría atado a tu cintura. Creo que podría estar horas, días, meses chocando tu nariz con mi nariz y mirando tus ojos que hablan. Porque tus ojos, como nunca antes lo había visto, hablan. Dicen cosas. Eso sí, dicen cosas que no puedo entender muy bien. A veces dicen algo como no me ames. No sé. Creo que prefiero seguir sin entender el idioma de tus ojos.

Sunday, January 07, 2007

Arrancando el año

En mis manos cayó el libro "Abzurdah" de Cielo Latini, una chica que se hizo famosa, o "famosa", por escribir en un blog cosas ligadas a la anorexia y al poco interés de seguir con vida. En realidad, escribía uno de esos blogs de gente que le cuenta a todo el mundo que lo único que quiere es matarse, pero en realidad nunca lo hace. He aprendido últimamente que la gente que habla mucho es siempre la gente que hace poco. Una vez la Chica me prestó uno de esos libros de metafísica que tienen la portada de colores chillones, y ahí decía que cuando uno quiere hacer algo tiene que concentrarse en eso y tratar de no comentarle a nadie qué es lo que se tiene entre manos, principalmente, decía, para que las energías no se vayan por otros caminos y se centren solamente en lo que uno quiere. La verdad es que yo le encuentro toda la razón. Cada vez que quiero hacer algo, y le cuento a mis amigos, me sale mal. Algunos dicen que eso también se llama la Ley de Murphy, o de Eddye Murphy, como una vez dijo el Pera.
También he estado pensando en por qué siempre lo relacionado con el amor produce tantas urticarias. Y pensar que hay gente que dice que el amor es bonito. El amor lo que menos tiene es bonito. Lo que más hay son problemas. Siempre hay problemas, de todo tipo. Que la plata, que éste miro a ésta, que ésta a éste. Que cómo se te ocurre y mil cosas más. Por eso yo no tengo novia y tampoco me interesa tenerla. Aunque siempre que digo eso empiezo a tragarme las palabras al poco tiempo. Uno siempre termina tragándose las palabras. Uno siempre dice, hace, ve cosas que no espera. Yo ya estoy aburrido de que las cosas no salgan como espero.
La Chica, que es bastante esotérica, anda con varios horóscopos de distintas revistas leyendo el fututo que a cada uno de los personajes de mi grupo de amigos. Al Guatón siempre le recalca que en lo amoroso va a estar bien, aunque aun no va a conocer el gran amor de su vida. Sin duda a la Chica le sigue gustando el Guatón. Y eso que son una pareja tan dispareja, como Sergio Lagos con la Bolocco. A mí me sale en una revista que este año tendré lo material, por fin lo material. En realidad no me interesa mucho. Pero en otra me sale que tendré que aprender a perder. ¡Aprender a perder! Pero si no le he ganado en nada a nadie. Ni siquiera he empatado alguna vez. Y más encima me dicen que tengo que aprender a perder. ¡Aprender a perder!, es que lo repito porque no lo creo, no lo entiendo, no lo quiero. En el amor: "en los primeros meses del año tendrá una relación amorosa con quien menos se espera". Eso si que no lo creo, y ojalá que se cumpla. Y ojalá que Angelina Jolie por fin deje a Brad Pitt por este tremendo pedazo de filete chileno.
Yo ya no creo en muchas cosas. Y me gustaría volver a creer en cosas. En cosas tontas, como que el conejito de los dientes existe, o que el otro conejo, el de pascua, caga huevitos de chocolates en semana santa.

Wednesday, December 20, 2006


La Vida es Escupir

Cuando voy a la casa del Toti, siempre terminamos en la alfombra de su living conversando, tomando cervezas de 350cc y viendo películas, o Dvd´s de recitales. A veces también comiendo Doritos de queso, que nos dejan las manos y el aliento fuerte. La mamá del Toti no nos dice nada. Una vez nos preguntó que cuándo le presentaríamos a nuestras pololas, y el Toti dijo que yo era como su polola, pero sin pololear.

El Toti no tiene novia porque es un idiota con las mujeres. Él busca una chica que escupa más lejos que él, o una que sepa las canciones de HIM. Yo nunca le he visto una novia. De hecho creo que nunca he visto a una mujer escupir bien. Las mujeres no escupen bien. No saben la técnica. Lo puedo asegurar porque a la Ale, mi ex de hace mucho tiempo (la recuerdo con cariño aún) una vez le intenté enseñar a tirar pollos. Pero fue un rotundo fracaso. Ella terminó con su polera toda baboseada y yo seco de tanto enseñarle.

-¿Y si las mujeres supieran todas escupir?, encuentro que sería feo –Acoto antes de meterme unos Doritos de queso a la boca.
-¿Por qué?
-Claro, imagínate a Scarlett Johansson escupiendo, no se vería bien.
-Sería cul. –mastica el Toti.
Ese día veíamos Match Point de Woody Allen.
-Scarlett Johansson quizás sepa escupir, tiene cara de escupidora –digo medio aburrido.
-Yo a Scarlet Johanson le haría de todo.
-¿Aún cuando no supiera escupir?
-No, estoy seguro de que ella sabe escupir bien. –remata el Toti.
-Ahhhh –digo y continúo –a mí me gustaría una mujer que supiera chiflar fuerte.
-¿Y para qué querí una mujer que sepa chiflar?
-No sé, me gustan las mujeres que saben chiflar. Lo encuentro cul.
-Tú si que estás loco.
-Quizás.
Los protagonistas de la película se agarran en un tremendo beso bajo de la lluvia y se pierden en un campo inmenso de trigo. Nosotros comemos más Doritos y bebemos otra Paceña.
-Ese es beso, hueón.
-Sí, la cagó, rica la mina –digo casi suspirando
-Y tú queriendo una mina que chifle, el hueón loco.
-Mmmm, en realidad... ahora no, ahora prefiero una mina que sepa besar con el cuerpo completo, como la de la película, que te agarre la cara con las manos y que me bote enredando sus piernas entre mis piernas. Si alguna vez una chica me hace eso, me caso.
-Buena, ahí sí. Yo igual, pero eso sí: si no tira escupos, no me caso.

Carta Abierta a Ámbar Nakeb

Si pudiera hacer una especie de rememorización de los momentos felices o agradables de mi vida, sin duda tú estarías en, a lo menos, una mención honrosa. Y es raro, porque no muchos minutos son los que he estado contigo. No voy a decir que es amor (a pesar que es muy probable que lo sea, o que por lo menos sea una degeneración de amor), pero sí voy a asegurar que contigo, o con lo que fui contigo, o con lo que tú fuiste conmigo, tengo un cariño por lo menos muy importante hacia tu persona.
Seguramente tiene mucho que ver con tu extraña personalidad. La que en realidad nunca he podido comprender a cabalidad. Sinceramente, el no haber podido leer tu mente, ha sido uno de los factores que hacen que yo aún esté pensando en ti. Meses después de la última vez que nos vimos, y ni hablar del último beso que nos dimos. Insisto, no quiero hablar de amor, a pesar de que muy probablemente sea lo que siento por ti.
Tengo que declarar que mientras escribo esta misiva, las ganas de verte, abrazarte, besarte y unas cuantas cosas más que terminan en "arte", me inundan. Creo que lo que más haría sería raptarte. O sería lo primero, por lo menos. Siento que muy probablemente no estarías en desacuerdo, pero no mucho tiempo te demorarías en ser tú la que toma las riendas de la situación, y terminarías siento tú la raptora de mi humanidad. Así eres tú. Algo así, en realidad, eres tú. No mucho te logré conocer. Y me encanta eso.

Tuesday, December 12, 2006

Todos las Mujeres Son Infieles (Deben Venir Así de Fábrica)


Cuando mi mamá sale con su pololo los fines de semana, siento que por fin tengo mi casa propia y por fin puedo hacer lo que quiera. La felicidad se me acaba cuando me da hambre y me doy cuenta de que no se preparar ni un plato de tallarines. Me han dicho que eso es lo más fácil de cocinar. Mi mamá lleva una semana en no se qué playa, descansando, liberándose del estrés que le provoca esa oficina llena de viejas y de teléfonos que suenan gangosos cada 30 segundos. Yo no duraría ni un día en esa pega. Yo siempre he pensado que mi trabajo ideal es el de periodista, pero el de periodista de televisión. Viajan varios días y trabajan 2 horas. Y les pagan con bastantes ceros, también. En el fondo lo que quiero es lo mismo que todo el mundo: trabajar poco y ganar mucho. Es una máxima humana universal, es obvio. Es como que alguien te proponga escoger una mujer entre todas las mujeres del mundo, para hacerla feliz, hacerla reír 25 horas al día, darle besitos y esas cosas. Obvio que yo elegiría a la Cata, o a Ámbar. Cualquiera de las dos. Creo que es siempre bueno tener dos opciones, da como seguridad en el día a día. No sé bien a cual de las dos escogería en realidad. Quizás pediría cambiarme a uno de esos países raros para poder escogerlas a las dos. Es lo más sano.

Me he dado cuenta que los problemas universales están siempre centrados en el amor. O en el sexo. En realidad no sé bien si sean los problemas, pero lo que más causa expectación en la gente es cuando a alguien le pasa algo que posiblemente le podría pasar a un número considerable de gente. También es una especie de morbo. Somos todos morbosos. Yo soy bastante morboso. Y caliente, como me decía una ex. “Ahhh... ¡caliente!”. Pero yo sé que igual le gustaba. Si a todo el mundo le gustan esas cosas. Lo que pasa es que no nos atrevemos a reconocerlo.

Con el Pera tenemos una teoría que dice que las minas fieles son las que no existen. O sólo son fieles las que en realidad son hombres que se disfrazan de mujeres. Porque nosotros sí que sabemos de ser leales a la pareja. Las mujeres no. A mí antes me producía recelo aceptarlo, porque muy lamentablemente me gustan demasiado las mujeres. A pesar de que en varias ocasiones me lo puse en duda, intencionalmente, pero no, encuentro realmente intolerable y de mal gusto que un masa de carne viva te atraviese una y otra vez. Y nunca me ha gustado un hombre, a diferencia de algunos amigos míos que (entre borrachera y madrugada) dicen haberse sentido atraídos alguna vez en su vida por algún otro macho. Puedo decir que me gustan las minas. Y mientras más minas, más me gustan. Cuando digo “más minas”, me refiero a más escandalosas, y principalmente más infieles. Porque la infidelidad es una de las características de la mujer. Y yo lo tengo más que claro. Por eso no tengo una relación estable y seria. O “seria”. Porque no estoy tan preparado sicológicamente para compartir una relación con otro pelotudo. Aunque a veces parezca un veinteañero de mente amplia. No sé si se entendió bien. Me gustan las mujeres infieles, me gustan mucho, pero ojalá que no lo sean, o por lo menos que no lo demuestren. Porque las mujeres son expertas en que no nos demos cuenta de nada. Son una especie de brujas. Es un tema complicado.

Thursday, November 23, 2006

Güinner!
Cuando uno se pone a escribir leseras como las que salen en este blog, tiene el derecho tácito de escribir lo que sea. Sin nadie que tenga el derecho de hablar o preguntar si lo que aquí sale es cierto o no. Eso es una tremenda ventaja. Cuando algo no me conviene digo: no, tranquilo, eso es ficción, a mí no me pasaría. Y cuando algo me favorece, digo exactamente lo contrario. Es simple.

Ahora no sé bien que diré.

Sólo que de la junta que tuve hace algunas semanas con varias personas de otros blogs salieron bastantes historias dignas de relato. Y no es que uno ande con el papel y el lápiz en cada carrete al que va, sino que hay historias contables y otras que no. Aquí ocurrió lo primero.

Ahí estaban: Mauricio, Karol, Remiso y su novia (muy buena onda ella), Claudia, Shicole, Enrique y varios más. Nos juntamos a tomar algo y a hacer esas cosas que uno hace cuando viene conociendo a gente nueva. Todo el mundo buena onda, con temas muy ligados al mundo cibernético. En honor a la verdad debo decir que yo quedé bastante colgado, porque de edición HTML es poquísimo lo que sé.

Creo que en todo momento hubo buenas migas. Y las cervezas corrían más rápido que el minutero. También debo decir que estábamos de dueños de casa, pero en la casa del autor de Urbanocity.

Si estoy contando esto tan mal, es sólo porque me pone un poco nervioso publicar esta historia. De hecho ni siquiera sé bien si lo haré. Esto pasó hace tres semanas o un mes, y no me había querido pronunciar sobre el tema. Y eso es por algo.

Ochentaicincomil cervezas en una mesa de madera ultra café oscuro. Que el HTML para acá, que esto otro para allá. Que vamos, que no vamos...

- ¿Está bien ahí?
- Sí. No. Mejor no... es que recién nos venimos conociendo.
- Pero...
- Ya. Dale nomás.

Incluso un pisco, pocas bebidas. En realidad muchos piscos y un par de bebidas. Un ron incluso.

Varias piezas desocupadas. No tantas, sino que justo una para cada uno. O una para cada dos, mejor dicho. Y creo que esto no estaba preparado. O sea, lo que pasó después del carrete, en el mismo carrete. Sé que está enredado, y es lo que quiero. Mil disculpas.

- ¡El mejor!, eres el mejor, es que la cagaste... (sic)

Wednesday, September 20, 2006

No Es Necesario Saber Tu Nombre


Dime: ¿te gusta así?... parece que ahí es donde más te calienta. ¿Te gusta que te muerda la oreja? Se nota cuando te gusta... se te calienta todo acá abajo (le pongo mi palma abierta y la froto). Lo siento todo. Te cambia la respiración...

Si últimamente he estado esquivo de los carretes típicos, es porque ya fui a todos los carretes típicos que podía ir. Ya bailé. Ya tomé hasta quedar borracho. Ya compartí con huevones que no conocía. Ya mentí con mi número de teléfono. Ahora tomo menos y la paso mejor. No amanezco con mucho dolor de cabeza, ni menos con el resentimiento de haber bailado toda la noche esa mierda de música que bailan todos. No soy alternativo, pero me gustan los lugares alternativos y la gente que anda más tranquila por la vida haciendo cosas sin aparentar mucho. Quizás sea también que estoy más viejo.

A propósito de aquello, puedo contar que mi estimadísimo amigo Memo (del que no tenía noticias hace bastante tiempo) está viviendo total y completamente solo, en un departamento de dos ambientes en Antonio Varas con 11 de Septiembre. Recórcholis. Eso pensé cuando me llamó para contarme de su vida. “¡Y va a quedar la cagá!” le grité por el teléfono repetidas veces antes de pactar el encuentro del fin de semana.

Edificio con pinta de setentero y departamento dúplex. El Memo me abre la puerta, me saluda con exagerada parafernalia y me doy cuenta de que la reunión (carretón / reventón) ya se había armado. Le doy la mano, un abrazo y muestro mi entrada: Alto del Carmen color café. Buen ambiente. Chiquillas simpáticas... amigos del amigo del amigo.... la prima del tío del sobrino del Memo... ¡los muchachos! El Pera, la Chica, el Toti y el Guata, todos borrachos y sonrientes.

- ¡¡¡Benjiiiiiita!!! ¡cómo está perrito!- Al unísono los muchachos

Más gente de la que hubiera imaginado... pero no me quejo, hay buen ambiente. Buena música, a buen volumen. Maroon 5 “Harder to Breathe ”. Benjamín, caliente de mierda, dos minutos y ya quedaste mirando a esa jovencita... porque es una jovencita, no más de diecisiete, con ojos de galán de teleserie centroamericana.

“¿Tú eres amiga del Memo?”, fue lo que dije antes de, incluso, haber tomado una gota de alcohol. Es que de verdad ella me dejó paralizado. Maroon 5 “Sunday Morning” en el aire. “Sí, y compañera de la universidad”, me respondió. ¿En serio? Yo pensé que... ¿cuántos años tienes?, 23 me dijo, y yo no lo podía creer.

Veinte minutos más de preguntas repetidas, con un ambiente increíble. Música notable. Algunos bailaban Strokes, otros trataban de arreglar el mundo, y otros estábamos preocupados de complacer a nuestras hormonas. Un trago por acá, otro por allá... unas risas. Que yo hice esto, que hago esto otro... risas, más risas. Miradas. Miradas fuertes. Miradas cómplices con risas entremedio.

Música luces minutos que pasan noche alcohol. Drogas, algo de drogas simples... marihuana buena sobre todo. Horas que vuelan. Cierro la puerta del baño de golpe.

Benjamín, ¿tienes condón? Póntelo. Háblame. Dime cosas, lo que sea. No aguanto más... (ella abre sus piernas con poca delicadeza) métemelo... sí... así... así.

El ambiente inundado por “Cheated Hearts” de Yeah Yeah Yeahs.

Cierro los ojos y pienso que follo con Karen O de los “Yeahs”. ¡Yeah!






Friday, September 08, 2006

Afortunadamente me Tuvo que Pasar a Mí

1:58 am. Mañana, hoy me tendré que levantar a las ocho. ¡A las ocho! ¿Qué hago escribiendo a estas horas? No sé muy bien. Un poco de locura debe haber detrás de esto. Seguramente. Mi Winamp cargado con las canciones de Arctic Monkeys. Y lo que quizás sea que me mantiene despierto es la asombrosa coincidencia que hace un par de días me ocurrió.

Pero antes, algo que no he contado.

No soy un casanova, definitivamente no... mejor dicho soy un tipo sin polola que no busca una relación estable, pero está propenso y dispuesto a pasar buenos ratos. Dejémoslo así. ¿A qué va esto? A que dentro de mi universo volvió a asomar otra mujer como hace tiempo no ocurría. La verdad es que a veces quisiera que estas cosas no pasaran, cada vez que alguien se me mete en la mente, termina todo convirtiéndose en un tremendo problema. A veces preferiría que todo siguiera así, como un mar sin oleaje. Pero algo dentro mío, una especie de alarma se volvió a encender y otra vez fue a primera vista.

Trigueña de ojos achinados, piel blanca y la mirada más sensual que recuerde. Labios que sobresalen y que parecen ofrecer besos. La miro como si fuera el amor de mi vida. Nunca le he hablado, la verdad es que no me atrevo. Nunca he tenido la posibilidad de hacerlo. A nadie de mis cercanos le gusta, ni siquiera la encuentran atractiva. Camila se llama, lo supe por uno de esos contactos que uno siempre tiene...

- Me gusta ella... la chinita de ahí, la blanquita.
- Se llama Camila, pololea hace mil años, está súper enamorada.

Ella bien sabe que la miro mucho más que lo normal. Ella se sabe mirada y me observa con cara de enojada y yo hago caso omiso y continúo con esa guerra de retinas. Ella se defiende con indiferencia y yo intento imaginarme que me está devolviendo la mirada. Aunque sé bien que no es así. Sé que quiere que la deje de molestar, sé que le incomoda.

Es un sueño. Siempre digo eso de las mujeres que me gustan. Al principio todas las mujeres guapas parecen inalcanzables, pero algo de experiencia me ha demostrado que los imposibles, en estos casos, no existen. El que no se atreve no cruza el río. Y la mayoría no se atreve. Leí que salió un libro de autoayuda en el que se habla del flirteo. En él se dice, entre muchas otras cosas, que las mujeres más guapas, más llamativas para los hombres, son a las que es más difícil llegar, por la poca fe que nos tenemos los machotes, pero es justamente con ellas con quien se tienen mayores posibilidades de éxito. Hablemos de éxito igual sexo o algo así.

Agarré mi mochila y me puse a caminar. Iba atrasado como siempre. A las nueve cuarenta entraba y eran las nueve cuarentaiuno. Bajo a la subterránea estación Universidad Católica, pago mis ciento veinte y me encuentro con la sorpresa de que ella, Camila, está ahí. Ella me mira y se sorprende, yo hago lo mismo, no la saludé. El Toti llega justo y me saluda. Hola culiao... ¿tan tarde hueón? Le respondo con un monosílabo. Aún no me la creo.

Pasa una tarde... por primera soy capaz de entender que ella estaba ahí, porque vive cerca de ahí. Sería lo obvio, por lo menos. Le pregunto a la Chica -que conoce más gente que yo- me dice que sí, que la conoce, que supone que la conoce... que es la ex de su ex. Me da un poco de rabia, pero me interesa mucho que ella no viva a más de diez minutos de mi casa. El mundo es pañuelo, algún estúpido dijo eso alguna vez. Creo que le debe haber pasado algo similar.

Monday, August 07, 2006

Estas Cosas Pasan (o estas cosas pasan a veces)



Me he dado cuenta de que hay suficiente gente a la que le interesa mi vida, y por eso seguiré contándola. Hace un tiempo no lo creía y dejé de lado esta especie de columna exhibicionista. Porque de qué serviría sentarse veinte minutos a escribir un par de planas de un diario de vida web si a nadie le importa. De nada. Creo que de nada.

Llevo un rato haciendo cosas que son poco claras. O sea, no poco claras, sino poco comunes. Eso es bastante subjetivo, y el típico debate respecto a qué es lo subjetivo-objetivo me tiene aburrido, así que cuando hablo de “cosas comunes” me refiero al raguetón, al mekano y las salidas a las discos los jueves, viernes y sábados. ¿Se entiende? Qué bueno. La cosa es que he estado viendo en Vía X a Franzani y me ha dado por bajar la música de cada grupo under que menciona. Así llegué a conocer a Nutria, a Casanova (que ya no es desconocido) y a Congelador. A eso quería llegar. A Congelador. Puedo decir que tengo grupos que hacen que los pelos se me paren y que el pecho se me infle. Me refiero a los que ya son parte de la banda sonora de mi vida. Como cuando le di ese piquito a la Catita, estaba sonando Blur, siempre me acuerdo. También Ramones, Yeah Yeah Yeahs, y varios más.

Tengo que contar que cuando una idea se me mete en la cabeza, trato de sacármela concretándola. Es como una especie de obsesión permanente. No me puedo quejar, pero a veces me ha traído problemas y enemigos. Ahora no hablaré de eso. Quiero contar mi rollo con Congelador, y hay sólo una persona que me puede ayudar. Una persona que sabe demasiado de música, desde de los famosillos de la Nueva Ola, hasta del último disco de NIN.

- Aló, Toti... ¿Cómo estamos?
- ¡Hermanito! Tanto tiempo. ¿Qué cuenta?
- No mucho... ¿hai escuchao a Congelador? Es la raja.
- Obvio que sí, incluso el ex-vocalista anduvo con mi prima...
- ¡Yaaaaaaa! ¿Y ya no canta?
- No po hueón, si Congelador se disolvió a principios de año...
- ¡No hueí!
- Sí hueón, de verdad...
- Puta la hueá...

El Toti es de esos típicos amigos que uno ve sólo a veces y de los que conversa sólo cosas sin importancia. De esos amigos que son amigos entre comillas, de esos que no van a tomar té a tu casa. Ahora, él me es importante. Ahora, el Toti es un poco más mi amigo. Se me metió en la cabeza conocer más del grupo que me tiene medio loco el último tiempo y ya sé como concretar esta obsesión.

No sé cómo, pero fui invitado a una de esas fiestas de las que siempre habla Sergio Lagos, esas en las que hay gente reconocible por su cara. Gente de la tele, de las revistas. Gente que tiene la ropa nueva y la risa más amplia que la cara. El Toti me invitó. “Vístete bien, hueón. Vamos a ir a un carrete de verdad”.

Barrio Lastarria de nuevo. Agradezco vivir a seis cuadras de ahí, del epicentro cultural y de la onda Santiaguina. Del departamento en que estamos se ve Metales Pesados, el Café de las Artes y Zoo, la nueva tienda con onda. Strokes está demasiado fuerte y con el Cacique que me tomé ya empecé a soltar la lengua. Parece que hice una crítica correcta del First Impressions of The Earth, porque doce ojos me quedaron mirando con las pupilas muy abiertas. Uno de los tipos con los que hablaba me dio la mano. “Rodrigo, Rodrigo Santis me llamo”. –Hola Rodrigo, soy Benjamín, Benjamín Cruz. El ambiente estaba increíble. Tomé como carretonero. Tuve que aportar con la vaquita, y como me di cuenta de que todos soltaban los billetitos de diez y de veinte, tuve que hacerme el duro y pasar las últimas diez lucas que me quedaban. Pero tomé Cacique, y fumé un poco de algo bueno. “Prensado en miel y traído desde Australia” me dijo un tipo que hablaba como el protagonista de la teleserie del siete y tenía el pelo más amarillo que hubiera visto. Las mujeres estaban como querían. Pareciera que hubieran estado todas las compañeras que el Jorge tiene en la Andrés Bello de la Casona. Yo me mantuve tranquilo, entretenido conversando con Rodrigo. Era el más piola. El único que no andaba con ropa recién comprada. Mientras me tomaba mi trago número un millón, se mete el Toti en la conversación.

- Veo que ya conociste al Benja, buena onda este cabro.
- Acá estamos hablando un poco de música... sabe harto este chiquillo –Respondió Rodrigo.
- El Benja te quería conocer, Rodrigo. Me estuvo hablando toda la semana de ti...

(Ahí yo puse cara de no tener idea)

- El Benja es un fan de Congelador
- ¿De verdad te gusta? –me preguntó Rodrigo
- Sí... sí... ¿por qué? Tú eres... –Seguía sin entender
- Yo era el vocalista. Porque nos separamos en el verano. Ya fue suficiente...

Yo no lo podía creer. Estas cosas no suelen suceder. Yo enfrente del tipo que me ha estado cantando canciones los últimos tres meses. El vocalista del grupo que más he pirateado por internet estaba delante mío y yo no tenía la más mínima idea.

Los litros de Cacique me habían tomado el cuerpo entero. Y la marihuana extranjera logró tatuarme una risa eterna. “En honor a los caídos, pondremos el disco “Cuatro” de Congelador...” dijo alguien que seguramente estaba borracho. En el aire volaba una de los temas instrumentales más notables que he escuchado el último tiempo: “Campo de Fuerza”.
Me tocan la espalda y alguien me saluda como si me conociera de toda la vida. Con los brazos abiertos, una sonrisa inmensa y los ojos iluminados.

- ¡Benjamín!

(Afino la vista un poco)

- Ámbar... ¿Eres tú?

Wednesday, July 26, 2006

Creo que tengo algo (no importante) que decir.

“... La ciudad de Santiago de Nuevo Extremo puede estar tranquila,
una pandilla de escribidores la recorre a diario
para que las buenas y bellas historias no mueran,
mas tengan vida eterna.”
L. A. Tamayo



La otra vez me junté a tomar con una manga de engrupidos literarios y saqué varias buenas moralejas. Primero de todo, debo comentar que llevo un tiempo enganchado con esto de las letras, y he presenciado más tertulias literarias que las que creí poder soportar. La verdad es que me dedico a escuchar mucho y poco a leer. Una vez mostré un cuento que todo el mundo lo hizo pedazos. Me hice el fuerte y demostré poco interés en los comentarios, pero la verdad es que el tema me dio vueltas varios días en la cabeza. Volviendo a la poco glamorosa reunión con los casi-escritores sobreengrupidos, quiero rescatar un comentario que me hizo el autor de un libro que es súper ventas entre los escolares. Hablábamos sobre amor, y estábamos todos borrachos en un bar de Bandera llegando a Mapocho.

- Mira Benjamín. Siempre va a existir esa mina que invada tus sueños. Aunque estés casado, aunque tengas hijos, aunque estés excelente con otra. Todos... todos tenemos una mujer que desearíamos más que a nada, más que a ninguna otra. Una mujer por la que seríamos capaces de dejar todo. Pero hay que ser aterrizado, y tener claro que uno de mil hueones se queda con esa mujer soñada. El resto, nos quedamos tranquilos, nos casamos con una mujer que nos haga feliz, tenemos hijos. Hacemos la vida normal, pero nunca se nos borra de la mente aquella musa, aquél amor platónico.me dijo Luis Alberto, antes de tomar su enésimo vaso de cerveza y poner ojos de pena.

Luis Alberto es un buen tipo. Me ha enseñado bastante de literatura y mucho de las mujeres. No se cuál de las dos cosas he aprendido más. Esa conversación me quedo dando vueltas, creo que él tiene razón en lo que dice, lo digo por lo vidrioso de sus ojos. Estoy casi seguro que mientras Lucho me hablaba, tenía en su mente a esa mujer que tanto añoraba.

El taller de literatura se acabó la semana pasada y creo que nunca volveré a ver a ninguno de los contertulios. Creo que es mejor así. Nunca he sido un tipo tan cultural como ellos, nunca he sido asiduo visitante de museos o de lecturas de poesía al aire libre en el Parque Bustamante. Creo que no es necesario ser tan cultural para poder ser escritor, o para que simplemente te gusten las letras.

Creo que mi estadía en el taller, literariamente, pasó inadvertido, pero pienso que mi persona no. Conocí a una de las mujeres más bellas de las que tenga recuerdo y viví, también, la indiferencia más absoluta de su persona sobre la mía. Viviana se llamaba y poco, o nada, de ella pude saber. Ella si es cultural. Ella es de las que entran saludando a Metales Pesados. Ella habla de Chejov o de Dostoievski como quién habla de Fuguet o Neruda. Ella es de esas personas que te hacen parecer estúpido cuando logras entablar una conversación. Ella tiene los ojos azul claro más llamativos de los que me acuerde.

Por otra parte, tengo a mis amigos de hogar. Mi mundo en el que me manejo, en el que me conocen y en el que tengo harto qué decir. El Pera estuvo enfermo, y su mamá lo dejó solo toda la semana. La Clau, su polola, lo cuidó esos días. Me imagino cómo lo habrá cuidado. El Gordo sigue jurando amor eterno a la Chiquita, ahora llevan tres meses pololeando, y dos meses que Gordo lleva otra relación paralela con una tipa de la que no recuerdo el nombre. El Toti está engrupido en la Iglesia Evangélica Pentecostal de Avenida Matta con Copiapó. La otra vez me dijo que me convirtiera porque “el Salvador vendrá pronto y se llevará consigo sólo a los elegidos”. Yo como que no pesqué mucho y me compré una polera que dice “jesús no viene ná”. De Ámbar supe algo el otro día, la encontré en la esquina de Portugal con la Alameda, andaba apurada y con varios bolsos. Le dije que otro día la llamaba para que tomáramos un café. Me dijo que bueno, pero después me acordé que nunca intercambiamos números. La Javiera me aburrió. Al final supe que llevaba varios años pololeando con el mismo tipo, él tenía trabajo, claro, vende cocaína. Y ella trabaja, claro, es parte de un selecto grupo de acompañantes. Creo que soy un apasionado por la adrenalina y por las cosas extremas en general, pero seguir metido ahí, con ella, significaba algo más que un riesgo permanente.

De mí puedo comentar que he estado bastante normal. Creo que si no he escrito sobre cosas que me han pasado es simplemente porque no me han pasado cosas. O por lo menos cosas que estime dignas de compartir. A veces pasa eso, como que uno se desencanta de cuestiones que antes parecían interesantes, porque ya han pasado otras mejores. De una u otra manera la vara se va subiendo sola, y lo que antes era excitante, ahora no lo es. De verdad. Creo que ahora ni siquiera es excitante la Catita a la que ahora encuentro sólo bonita y buena onda. Eso. Ando raro. Me he sentido raro el último tiempo y esta vez no creo que sea un proceso hormonal. Creo, también, que me he quedado pensando en las palabras de Luis Alberto. Creo que me he quedado pensando en la enorme posibilidad de no ser yo el “uno entre mil hueones”, y vivir mi vida pensando en “esa mujer por la que seríamos capaz de dejarlo todo”. Creo que, tristemente, Luis Alberto tiene la razón una vez más.

Friday, May 19, 2006


¿Capítulo 16?

Como todos: Hay cosas que no le cuento ni a la almohada.

Porque sí, ella me pidió que le ayudara a estudiar. Absolutamente porque sí. Yo respondí afirmativamente y me puse tiritón cuando le pedí su número. A las diez entonces, me dijo. A las diez en la conserjería de tu edificio, cerré el trato. Las cartas estaban tiradas. Creo que eso se lo había contado a mi almohada. Me bañé, me puse harto Axe Marine, me armé con una caja de LifeStyles Ultra-Ribbed y salí. Ella me estaba esperando y yo sentía como el rojo me inundaba la cara.

- Antes de estudiar ¿algo para comer?
- Mmmmm... Bueno (A todo le buscaba un doble sentido)
- Podríamos pedir unas pizzas... llegan en 30 minutos, si no: gratis...
- Me gusta la idea. También compremos algo para tomar.
- Yo tengo pisco y un Ron Bacardi...

No creo que exista alguien que pueda negarme que cuando hay alcohol de por medio la temperatura del cuerpo sube varios pares de grados. Onda Hot. Dos Ron y a la Papa, vendría siendo la cosa.

Atraídos

Otra cosa que me pone Hot, son los ascensores. Ella vive en el piso dieciocho y el elevador estaba cubierto de espejos, como un motel que te revuelve el estómago. Había espacio, pero –por alguna razón- estábamos conversando muy de cerca. Nos miramos y se abrieron las puertas. En ese momento soñé con que el viaje era tan interminable como el que se hace para llegar al mirador del Empire State. Su departamento es pequeño y desordenado, pero me gusta. Ella marca los siete números de la pizzería y yo ya tengo servida la primera ronda de ron-colas. Me cuenta que está cansada por el trabajo y el estudio, y yo le digo que tiene que empezar a relajarse un poco, porque nadie aguanta un ritmo así. Por alguna razón, todavía estamos mirándonos de cerca y, por primera vez, es ella quién se pone nerviosa. Javiera hace un movimiento brusco y pone el Anoche de los Babasónicos. Yo la adelanto hasta el Track 7 (“Puesto”: ...qué barbaridad haber tenido que esperar para vernos de tan cerca...). Otra vez, atraídos, quedamos mirándonos (cómplices) un poco más apegados que antes. Ambos bebemos el último sorbo de nuestro trago y no nos dejamos de descubrir las pupilas. Como si los ojos hablaran, como si los ojos pudieran hacer el amor. Nuestros vasos caen en la mesa al mismo tiempo y los segundos pasan en cámara lenta. Como si yo estuviera viendo la escena desde afuera. La tomo de la cintura firme y suave, le veo los ojos por última vez... ella mira mis labios y me doy cuenta que ese es un sí irrefutable. Siento que su boca tibia se junta con la mía y pareciera que fuéramos uno. Nos besamos como si quisiéramos rompernos los labios, como si fueran los últimos besos, como despedida. Nos separamos hasta quedar nariz con nariz y nos reímos en voz baja, como cuando los niños hacen una travesura. Mis manos abrazan su cintura impecable y –casi naturalmente- ella está sobre su cocina americana con las piernas abiertas y yo entremedio buscándola. Sus brazos rodean mi cuello. Mis manos en sus muslos y... suena el citófono.

- ¿Sí?, responde ella (...) Bueno, dígale que suba.
- Fueron 27 minutos, casi gratis. – Dije casi sarcástico.

Ella se arregla un poco. “Germana con Doble Queso”. Pago. Doy una propina de luca.

Babasónicos sigue en el ambiente (mucho tiene que ver). Track 12 “Exámenes”: “Yo no rindo exámenes de conciencia, siempre supe de qué estábamos hablando, no juegues así conmigo que soy simple (...) luces tan atractiva hoy. En el peor de los casos, nena, sólo quiero acostarme con vos..”.

Tuesday, May 09, 2006

Éxtasis
(Segunda Parte)

-O sea, tú sabes. Entiendes cómo está mi vida. ¿Te vas caminando a tu casa? Qué bueno. Vámonos juntos entonces, así te aprovecho de contar lo que me pasó el fin de semana. Resulta que, claro, este güeon, el Claudio... ¿Te conté que se había perdido, cierto? Ah, verdad, si me acuerdo. Bueno, la cuestión es que el güeón apareció, andaba en la playa... tra-ba-jan-do, eso me dijo, es muy care raja, ¿no crees? Bueno, entonces llegó, como si nada, te digo altiro: como si nada hubiera pasado, y eso que se desapareció por una semana. ¡Una semana me tuvo con el alma en un hilo! ¡una semana! No me contestó su celular, mis amigos lo llamaban, y nada. Bueno, la cuestión es que este güeón llegó a mi departamento, y lo primero que hizo fue decirme: “¡No has comprado nada nuevo en estos días!”. ¡¿Qué se habrá creído este güeón?! Él se debe imaginar que yo soy puta, y que gano tres millones de pesos al mes, porque eso ganan las putas... digo, como para amononar mi casa todas las semanas. Yo no gano eso, con quinientas lucas al mes me las tengo que arreglar. Bueno, te sigo contando... ¿vámonos por acá? La cuestión es que puedo tener cara de tonta, pero te aseguro que no lo soy. O sea, tengo claro que me están agarrando pal güeveo, y yo no estoy para eso. Bueno, sí. Tienes razón, estoy enamorada, pero yo no voy a aceptar que se vengan a reír de mí así. Nadie. Absolutamente nadie. Primero que nada: no soy juguetito de ningún güeón y Segundo que nada: ¿una semana desaparecido? ¿trabajando? Adónde la vió, a mí no me agarran pal leseo así... y eso que yo encuentro que es súper difícil darse cuenta que alguien que tú amas te está agarrando para el güeveo. Uno siempre da nuevas oportunidades, y siempre dice que será la última vez ¿te hai dado cuenta de eso? uno siempre da últimas oportunidades, pero las últimas nunca son las últimas, hasta que se termina todo. En el fondo las últimas oportunidades son, en realidad, las penúltimas, y las últimas de verdad, son el fin. ¿Me entiendes? ¿Qué hora es? Ah, buena hora, hoy entro a las tres. La cosa es que me aburrí, y lo mandé a la mierda. Le dije que termináramos, que ya no quería seguir con él. Es que claro, nadie puede continuar una relación así, nadie, ni yo. Él me preguntó si estaba segura de lo que estaba diciendo, yo le dije que sí, que quería estar sola, o por lo menos sin él. Todos mis amigos me dicen que hice lo correcto, en realidad nadie lo quería mucho. Me dicen que yo igual soy bonita, que tengo buen físico y esas cosas... pero no sé, yo creo que debe haber alguien por ahí que esté dispuesta a estar conmigo, a quererme y hacerme sentir querida ¿no crees? Por el momento me siento bien así, aunque igual lo echo de menos, para que te voy a decir que no, si igual lo amo... es que es tan chistoso, me hacía reír tanto, salía con cada huevá. Pero ya no saco nada con ponerme a hablar de él. Era tan chistoso, pero tenía tantas cosas malas también, y yo conocí su lado más malo. Ya Benja, aquí doblo, nos vemos pronto...

- Nos veremos pronto entonces, Javierita. ¿Vas a salir a alguna parte esta noche?
- Mmmm... no. Porque me voy a quedar estudiando para la prueba del martes.
- Ah. Bueno. Nos vemos pronto entonces.
- Chao. Cuídate.

Seguí caminando y llegué a mi casa. Puse Say It Aint So de Weezer en la radio y me quedé mirando el techo de mi pieza.

Thursday, May 04, 2006

Tentempié


Javiera no es una mujer normal, y quizás sea por eso que me llama tanto la atención. La verdad es que no la he visto hace una semana. De hecho nuestra relación se limita a una conversación de veinte minutos. Me dejó marcando ocupado. Incluso la he soñado: ojo, no es poco.

A su amiga gordita le pregunté si había sabido algo de ella. Estábamos en clases y le mandé un papelito:

- ¿Hai sabido algo de tu amiga?
- Hoy no viene, porque carretió toa la noche –me escribió.
- Pucha. Y encontró a su pololo?
- Sí. Pero parece que quiere terminar, la tiene chata.
- Yo opino lo mismo. Tiene que terminar.


Javiera, de que es rara: es rara. Eso me gusta. Me da miedo.

Sunday, April 23, 2006

Éxtasis
Primera Parte


Pause Still.
La vida continúa rodando como una juguera y yo sigo adentro. A mí nadie me preguntó si quería vivir, si quería aportar con mi escasa existencia a la humanidad. Estas cosas las pienso cuando ando bajoneado o cuando me pasa algo que me deja en el aire. Hace poco me ocurrió lo último.


Play.
(Cafetería-Casino de la universidad que me acoge)

- Ayer fui a ver a Javiera Mena en la Sala Master. Estuvo increíble. Debiste haber ido conmigo, te lo perdiste. –Sostuve después de echarle dos de azúcar a mi café oloroso.
- Tenía ganas de ir, pero de verdad no pude. ¿A qué hora llegaste a tu casa? –Me preguntó la Cata con su carita de angelito
- Como a las doce. –Respondí medio baboso.
- ¿Con quién fuiste?
- Solo. A veces me gusta eso de salir solo, me siento como critico de espectáculos. Como si fuera a trabajar y no ha pasarlo bien. En realidad esos son rollos míos. –dije antes de beber mi café con vainilla.
- Como siempre.
- Mira, esa chica me gusta. La que está ahí, al lado de la gordita...
- ¿Cuál? ¿Esa de chaqueta negra? ¡Es muy fea de cara! De cuerpo... mmm... igual salva, pero de cara... es pésima.
- Bueno. Déjame. Además, siempre me han gustado las feas...
- ¡Oh!, Gracias –Ironizó Catalina.
- O sea, tú has sido la única mina bonita que me ha importado. De verdad. Mi ex-novia era bastante poco agraciada físicamente. Yo creo que por eso estaba medio enamorado de ella, porque era algo que iba más allá de lo estético.
- Te creo. Pero ella es muy fea, no lo digo ni por celos ni porque esté picada. O sea, igual ¿de qué debería estar celosa? Tú y yo no tenemos nada. Siempre te lo he dejado claro. Porque ¿lo tienes claro, cierto? No es de celosa... mmm… no… definitivamente no es de celosa. Es que yo… no sé… tú me caes bien… te tengo cariño. Debe ser por eso. Espero que sea por eso.
- Lo tengo más que demasiado claro. Mándame buenas vibras. Voy a ir a hablarle. Chao. Y no se ponga celosa, que le queda mal. –Le dije a la Cata, dándole un beso en la cara y sin mirarle los ojos.



Rew. 32x

Las nuevas estudiantes de mi universidad no tienen ningún brillo. No existe ninguna que se pueda comparar a la Catita, por ejemplo. Eso está claro y no tiene peros. Aunque toda regla tiene su excepción. Por alguna circunstancia, los de segundo de Periodismo nos topamos con los mechones de Sociología en un ramo. Ahí está ella. No es guapa. Definitivamente no. Pero tienen ese no sé qué que a mí me vuelve loco. Esa mirada felina y profunda que me llama tanto la atención.

Se llama Javiera y tiene 19. Una vez la saludé y ella me sonrió. Yo llevaba un café con chocolate en mi mano y me puse tan tiritón que casi se me da vuelta.



Fast Forward

Tomé mis cosas y la Cata se quedó conversando con una amiga. Dejé mi mente en blanco y me senté al lado de la Javiera. Ella estaba sola y leía un libro de Antropología.

- Hola. Está complicado lo del libro –dije, un poco antes de ponerme nervioso.
- Hola. La verdad es que no entiendo mucho. No lo pude leer entero y me confunde el concepto de Relativismo Cultural. –me comentó como si me conociera de toda la vida.
- Emmm. Eso yo lo entendí bien. Si quieres te lo puedo explicar, no hay ningún problema. –Afirmé medio tiritón.
- Ya. Excelente. Pero, ¿puede ser mañana? Ahora me tengo que ir a mi casa.
- Bueno. Mañana entonces. Yo también me voy.
- Yo camino hasta el centro ¿y tú?
- También. –dije entre alucinando e incrédulo.



Walk Idiot Walk

- A mí también me gusta The Hives. En realidad quién me mostró su música fue mi pololo...
- Ahhh. Entonces pololeas –Dije-. Ustedes nacen pololeando –Pensé.
- Sí. O sea, no. En realidad: No sé.
- Cómo que no te estoy entendiendo...
- Lo que pasa es que a mi novio –o ex novio- no lo he visto hace dos semanas. Estábamos bien. Súper bien. Saliendo de discusiones tontas, esas que siempre hay en todas las relaciones. Incluso ese Domingo, había sido el Domingo más lindo que recuerde con alguna persona. Pero de él no he sabido nada más. Se lo trago la tierra...
- Pero... ¿no lo hai llamado a su celular, o a su casa?...
- Sí, pero no me contesta. Incluso lo han llamado amigos y tampoco hay respuesta. Me tiene demasiado preocupada.
- No es para menos. Podría estar muerto o haberse ido con otra mina. Creo que esas son las posibilidades...
- ¡No digas esas cosas! Aunque en realidad, si es que se fue con otra, hubiera preferido que me dijera, que me mandara a la mierda antes de tener que aguantar esta angustia, esta inestabilidad.

Llegamos a la recepción del edificio donde vive la Javiera. Desde los diecisiete años que es auto-dependiente, se fue de su casa porque ya no soportaba a sus papás. Ella trabaja en una oficina de administración (o algo así) y paga el arriendo de su departamento que está ubicado enfrente del cerro Santa Lucía. Ella vive totalmente sola. Sus papás –además de pagarle la universidad- no hacen mucho más por ella.

Me encanta. Su seguridad. Su independencia. Su madurez precoz. Casi me excita su valentía. También me mueve las hormonas el hecho de que viva sola. Y vive sola a escasas tres cuadras de mi casa. Siento que esta historia tiene continuación. Me gusta la idea.



Paréntesis

[Hay gente que me ha preguntado si estos escritos son la realidad absoluta de mi vida o si solamente forman parte de una rara-idea de pura y santa ficción. Simple. ¿Qué diferencia habría si una de estas alternativas fuera superlativa a la otra?]

Sunday, March 26, 2006

Capítulo 13

Hay gente que se ha dado cuenta que no he escrito acerca de mi vida hace, ya, bastante tiempo. A la inmensa mayoría le importa un pepino. De eso se puede sacar una buena conclusión: siempre hay más gente a la que le das lo mismo. Hagas lo que hagas. A menos de que seas como Jesús o Los Beatles. Por eso es bueno sembrar y cultivar buenas amistades, aun cuando sean pocas. Yo tengo buenos amigos, quizás no muchos, pero cada vez que podemos nos decimos que nos queremos y que nada sería igual si el otro no estuviera. En realidad eso pasa cuando estamos con algunas copas de más. Creo que no podría catalogar a uno como el mejor de mis amigos, son varios los mejores y queridos de distintas formas. A veces pienso que he querido más a mis amigos que a las novias que he tenido. De hecho las pololas han pasado y mis camaradas aun están.

Hace unas semanas que estoy de vuelta en Santiago y no fue tan terrible volver a oler el humo de las micros y sentirme como sardina al aceite cada vez que ando en Metro por las mañanas. A la universidad llegaron “Neófitos”, en otros lados son “Mechones”, “Pichones”, “Novatos” o “Cachorros”, lo importante es saber que son los alumnos que aterrizan al primer año universitario. Me dio un poco lo mismo. Me dejó bajoneado que las nuevas alumnas no fueran las modelos de revista veraniega que idealicé. En realidad estaban todas bastante mal. Ninguna como la Cata, que ahora tiene una de esas trenzas que se arman en las playas de moda y el cuerpo más moreno de lo que yo hubiera podido imaginar.

Mis vacaciones terminaron, y de Ámbar supe poco. Sé que ahora estudia para llegar a ser actriz, pero no tengo idea adónde. Pienso más de lo que debiera en ella. Y eso que sé bien que no es para mí. Ella es de esas mujeres con las que a uno se le enreda la lengua al momento de saludarlas. Me acuerdo de su olor a perfume caro, de su pera, de sus ojos. Me acuerdo de cuando nos quedamos mirando los ojos con cara de estúpidos, tratando de decirnos algo sin, siquiera, abrir la boca. A veces cuesta demasiado sacarse de la cabeza a algunas mujeres, normalmente cuesta olvidar a las que más hacen sufrir. Debe ser algún decreto de la Ley de Murphy. Me gustaría recordar siempre a mi primera polola, la Nico, ella se moría por mí y yo siempre me sentí como Rock Star. Me aburrió que me quisiera tanto, me aburrió que fuera tan tierna y tan perfecta. A veces no hace bien tanto amor, llega a caer mal. Hay veces en que uno agradecería ver una mala cara al momento de decir: Hola. Lo tan perfecto deja de serlo cuando empieza a volverse normalidad. Eso lo inventé ahora y suena a guión de película de Tarantino.

-
¡Benja! ¡Te eché tanto de menos! Me acordé demasiado de ti en el verano.
- Ehh. Hola Cata. ¿Me echaste de menos? Tú a Mí. No te creo.
- En serio. En la playa había un tipo que hablaba igual a ti, pero era mucho más reventado. Se llamaba Matías, Matías Vicuña.
- Bien cuico el nombre. Perdonando lo presente.
(Silencio)
- ¿Dónde estuviste? -Pregunté
- Me fui a Pucón todo el verano. ¿hai ido alguna vez para allá?
- Emmm... Sí, alguna vez fui, cuando chico.

¡Mierda!, pensé. Primera vez en mi vida que no me voy con mi mamá a Pucón y siento que es la única vez que desearía, realmente, haber estado allá. ¿Por qué no llamé a la Cata? Ni siquiera me acordé de ella en todo el verano. Pero ahora, la veo y la sigo sintiendo como el angelito que le cielo me tiene presupuestado.
Algo me pasa. Me pongo a pensar y me doy cuenta que debo tener algún problema con esto del amor: me cuesta poco empezar a idealizar una mujer, pero es imposible imaginarme con alguna en una verdadera relación sentimental. Soy medio robot para enamorarme. Algo así es lo que dicen los Babasónicos, por lo menos.

“Con el tiempo fui aprendiendo a ser Robot. Era programable en cuestiones del amor...” Yegua. Los Baba.




Sunday, March 12, 2006

Capítulo 12

No es que yo sea un conservador exacerbado, ni que jamás haya sido infiel, pero que la Ámbar tenga un novio hace más de dos años, me hace pensar en ella como una especie de Fruto del Deseo Prohibido o como una mujer intocable. Pese a esto, me cuesta más de lo que debiera sacármela de la cabeza por los días y, sobre todo, por las noches. Ella no es el tipo de mujer que a mi me gusta, por lo menos el tipo de mujer que no me gustaba. Ni chicas a la moda, ni mozas que la gran mayoría de coyotes encuentra apetecibles, son las damas con las que he tenido algo intenso, o no tan intenso, pero algo al fin. Ella es todo lo contrario: alta, delgada, casi morena y de ojos verdes. Una mujer prototipo. Ámbar tiene aquello que no es visible por fuera, algo que se entiende mirando sus ojos o escuchando su voz. Algo que, quizás, entiendo sólo yo. Algo que me gusta, que me llama la atención, que ha hecho quedarme junto a ella hasta altas horas de la madrugada, escuchando sus tonteras y riéndonos hasta que nuestras guatas no dan más.

Llevamos poco más de una semana durmiendo en el Camping del Tata. Lo que menos tenemos son comodidades. El baño es lo más asqueroso que he visto desde ese retrete en donde tuve un encuentro cercano del tercer tipo con aquella fémina de la Santo Tomás. La Chica y el Guatón se dieron unos besos y ahora no se hablan mucho. El Pera se agarró una penquista que anda veraneando por estos lados junto con su mamá. Ella tiene más tetas que ganas de vivir. Y ganas de vivir, por lo que entiendo, le sobran. Le dije al Pera que prefiero un bonito trasero a un par de senos con porte de Pushing Balls. Me encantan las pechugas inmensas, antes que los traseros bien formados, es como que te guste una moto de velocidad antes que una 4x4 –me respondió el Pera, mientras sellaba su saco de dormir. Me quedé pensando en eso un rato, pero no pude encontrar una explicación. Creo que esa noche me dormí buscando una respuesta a las sabias palabras del Pera.


Suele Suceder

- ¿Dónde está tu pololo?
- En la cabaña. No quiere salir hoy. Él te odia. –Me dice Ámbar, mientras se ordena el pelo con las dos manos.
- ¡Me odia! Pero ¿yo qué le hice?
- Me dijo que contigo me pongo rara, que cuando estoy contigo no soy igual, que no lo pesco.
- Celoso.
- Fastidioso, a veces.
- Disculpa... yo no quería...
- No. Discúlpame tú. Yo fui la que no pudo manejar esto...
- ¿Manejar qué?
- Creo que se entiende...
- Creo... –Dije, quitando mi mirada de su cara y mandándola al ocaso más naranjo del que tenga recuerdo.

Estábamos solos mirando como el mar se comía al sol por enésima vez. No la abracé. No la miré con cara de final de teleserie. No le tomé la mano. No le dije una palabra que fuera una especie Jaque Mate. No la traté de besar. Pero todo eso se me pasó por la mente en un segundo. Nos paramos, la fui a dejar. Nos despedimos con un beso en la mejilla sin pronunciar una palabra. Él me vio y no recuerdo haber sentido odio semejante alguna otra vez.




Monday, February 20, 2006

Capítulo 11


Por fin de vacaciones y parece que me hubiera cambiado de país o de planeta. Y eso que estoy a menos de dos horas de mi casa. Con los muchachos encontramos un buen lugar donde acampar. Hay harta gente de nuestra edad y de nuestro estilo. Parece que no somos los únicos con ganas de escapar de nuestros padres y tratar de tejer una buena aventura para después contarla en Santiago.

Con Ámbar tuvimos buena onda en el bus. Me contó que tiene veinticinco y que se cambió de astronomía a teatro el año pasado. Según ella, se dio cuenta que su vocación son las tablas, yo le pregunté que por qué no se ponía a hacer surf o skate y ella se rió como si hubiera dicho algún buen chiste. Quedamos de acuerdo con juntarnos algún día en la playa para hacer algo. Uno siempre dice eso cuando quiere quedar bien con la gente. Ámbar andaba con su hermano chico y una amiga. Iba a juntarse con su pololo que llevaba dos semanas en El Tabo. Ella lleva dos años pololeando y parece que él aun no la convence del todo. Eso siempre pasa con las relaciones en donde el amor verdadero no está entremedio, uno trata de llenar los vacíos de amor con tiempo o sexo, pero eso nunca funciona. Yo tuve una polola más de un año y nunca me convencí si estaba pololeando o no. Era una especie de prueba para ver cuanto tiempo podía durar con la misma mujer. El problema fue que ella se aburrió antes y yo quedé con gusto a poco. Tenía en mi mente las ganas de batir un récord, o algo así.

El primer día en la playa, salimos a caminar por la arena con el Pera y me contó que yo le recordaba a un amigo que no veía hace tiempo. Se llamaba Benito. Yo le dije que encontraba que Benito era nombre de dibujo animado. El Pera me contó que lo dejó de ver cuando él empezó a escribir sobre su vida en un semanario que circulaba con El Mercurio. Según el Pera, Benito inventaba historias que después dejaban mal parados a todos. Benito empezó a ganar plata y se le subieron los humos a la cabeza. Empezó a falopear con Fuguet y de él nunca más se supo.

Parece que la Chica con el Guata tienen onda. No es que lo diga de celoso, aunque igual me da una cosa rara cuando los veo juntos. Ellos andan como siameses para todos lados y pareciera que el Gordo hubiera bajado varios kilitos, porque junto a ella camina más que ninguno de nosotros.

La primera noche en la playa, salimos los cuatro a caminar por el centro. El centro de las playas siempre son iguales en verano, en todos lados hay mucha gente que quiere impresionar con su onda, está lleno de ferias artesanales –que cada vez venden menos cosas artesanales- y de autos con la música fuerte que no respetan los pasos de cebras.

- Mira Benja, ahí está Ámbar. Parece que ese es su pololo –me grita el Guata, que tiene medio apretujada a la Chica.
- Y la amiga está re-buena. ¿Por qué no vai y le preguntai si tiene algún carretito? –acota el Pera.

No ando con ganas de hacerme el galán. Menos con una chica que anda con su pololo, por mucha cara de hueón que tenga el pobre. Pero tengo más que asumido que igual voy a ir a hablarle, en buena onda, y vamos a hacer migas con el pololo de ella y pasará quién sabe qué.

- Hola Ámbar. Que buena que te encuentro.
- Hola Benjamín. Te presento a mi pololo, Rodrigo.
- Hola Rodrigo
- Hola Benjamín –Me dijo con un tono más que amable, ese tono del típico pololo perfecto.
- Te presento a mis amigos, ellos son la Martina, el Gordo y el Pera.

Después de varios holas y saludos con besos en la cara, quedamos de acuerdo en ir a conversar un rato a la cabaña de Rodrigo. Rodrigo tiene cara de un tipo ganador, todos los tipos ganadores tienen cara de llamarse Rodrigo.

Quedamos de acuerdo en juntarnos a las diez en la misma esquina en donde nos encontramos. Nos despedimos y Ámbar me dio un beso cuneteado para despedirse, mientras Rodrigo, el ganador, le decía chao a la Martina. Según el Pera: típica actitud de Perra que quiere pasar por Chanchita. No sé de adónde habrá sacado esa frase, pero pareciera que la hubiera inventado yo mismo.