Monday, January 30, 2006

Capítulo 8

No me ha ido mal. Cuando digo eso me refiero a todos los sentidos imaginables. Tampoco digo que me ha ido excelente. Quizás el problema más grande que tenga es que en mi mente da más vueltas de lo que quisiera la Cata. La veo todos los días y me cuesta mucho aceptar que aparte de besarnos en la mejilla cuando nos saludamos, no existe un encuentro muy cercano con ella. Incluso nos alejamos un poco más después de aquella salida juntos y solos a un pub.

- Aló, Catita. ¿Cómo estai?
- Bien. Disculpa, ¿quién es?
- Yo. El Benja. El de la “U”.
- ¡Ah!, hola Benja, que rico que me llamaste. ¿Cómo anda todo?
- Bien. Oye, ¿salgamos? Estoy demasiado aburrido, vamos a tomarnos algo.
- Pero es muy tarde...
- Pero si recién son las diez y media.
- En realidad, podría ser. Bueno ya, te espero.
- En una hora estoy en tu casa.
- Te espero. Chao.
- Chao.

La vida tiene esos crucigramas que nunca se van a resolver. ¿Por qué la Cata me dijo que sí ese día? Nunca lo sabré.

Eran como las doce de la noche cuando entramos a ese pub de Providencia. “El Barril” se llamaba. Yo pedí mi clásico vodka con jugo de naranjas y ella un trago con un nombre irrepetible. Por fin, y por alguna razón que desconozco, estábamos en aquel lugar, la Cata y yo, solos. Somos compañeros de curso, nos conocemos, pero para estar en un lugar como este, a esta hora y solos, hay que ser algo más, pienso. Ella se veía increíble, como siempre. Me sentí un verdadero Rock Star cuando entramos juntos a ese lugar. Todos quedaron mirando, deben haber pensado: ¿cómo es posible que ella esté con él, con ese tipejo? No creo que haya sido otra cosa.

El cuento es otro. Después que pasaron los primeros tragos por nuestras gargantas, las miradas entre la Cata y yo se volvieron distintas. La música estaba fuerte y parece que el que cantaba era George Michael con esa canción lenta y famosa que tiene. Miré a la Cata como si fuéramos pololos de toda la vida, le agarré su cara con mis dos manos y le di un beso, EL beso. Ella no se quejó ni se resistió, pero terminada la canción de George Michael me pidió que la fuera a dejar a su casa. No me atreví a preguntarle nada y supongo que ella tampoco estaba muy cómoda con la situación. Son esos momentos en que uno quisiera tener una batucada brasileña enfrente, tocando lo más fuerte posible, bloqueando los tímpanos y la mente. En el camino hasta su casa no hablamos ni una palabra. Nos despedimos con un beso en la cara, como siempre, y yo me quedé sintiéndome mal por lo que había hecho. Y eso que no había hecho nada malo, creo.

Llegó el día lunes y mis nervios no daban más. Mi estómago estaba hecho un nudo y mi garganta estaba seca. Saludé a la Cata y ella estaba igual que siempre: iluminada, intocable y fría conmigo.

- Creo que necesito hablar una cosita contigo, Cata.
- ¿Puede ser más rato?
- Sí, obvio. Más rato. Cómo quieras.

Sensaciones

No sé. El lenguaje de los besos es algo inexplorado. Cuando sentí los labios de la Cata juntarse con los míos, mi cuerpo tuvo un inmenso escalofrío, como si me hubieran puesto un hielo en la espalda. Ahora estaba arrepentido de haberlo hecho. La Cata parece tan angelical, que cualquier cosa que no sea mirarla o alabarla sería una especie de ultraje.


Contacto

- Quiero pedirte disculpas por lo de la otra vez, por lo del beso. Espero que no lo hayas tomado a mal.
- Benja, no sé. No quiero que te pases rollos con eso. Dejémoslo ahí. En mi mente hay demasiadas cosas en que pensar y no quiero tener otra cosa que me quite el sueño. Por favor, dejémoslo tal cual.
- Bueno, tal cual.


Love is true

De alguna manera supe que el problema de la Cata era su ex – pololo. Él todavía le da vueltas en la cabeza y a ella le cuesta reconocerlo. A veces pienso que ellos son algo así como la pareja ideal y están tomando un tiempo para poder comenzar a vivir su vida juntos. Algo así como una prueba. Me duele que la Cata no sea capaz de reconocerlo. El ex de la Cata es un tipo mucho más completo que yo. Creo que incluso escribe mejor que yo, y escribir es lo que mejor sé hacer. No tengo posibilidades en competir con tipo como aquél. Ella a veces habla de él como parte de su pasado, el problema es que mientras dice eso, sus ojos brillan como si tuvieran una estrella adentro.

- A veces se gana, a veces se pierde. Pero en el amor, siempre hay que jugársela hasta que el último cartucho se haya acabado. Hasta que tus sentimientos por la Cata se apaguen- decía el Pera.
- Yo no tengo ganas de luchar por nadie. Quiero pasarla bien, no estoy para andar mordiendo amargura- Dije medio llorando.
- Entonces, si no luchas, jamás vas a conseguir el amor
- ¿No dicen que uno tiene su media naranja en este mundo y que en algún momento llegará, sí o sí? ¿o no?

Monday, January 23, 2006

Capítulo 7


Ayer tuve prueba de redacción y me saqué un cuatro. La Catita un seis-cinco. Lo que menos nos preguntaron fueron los tópicos de las ideas –que me los sabía de memoria-, la razón de mi baja nota fue por eso de las raíces latinas, en donde me equivoqué mucho más de lo que hubiera imaginado, bueno, en realidad no hice más que intentar achuntarle a los significados (Bellum significa guerra y no bello ni belleza, por ejemplo). La Cata me retó porque no había estudiado mucho, y yo acepté sus palabras alteradas como cuando un niño escucha a su mamá que lo increpa porque no hizo las tareas del colegio. La diferencia es que yo cada vez que veo a la Cata pongo cara de enamorado, por lo menos eso me dicen mis compañeros, yo les digo que no se pasen rollos, “La Cata no es mi estilo, no es mi tipo” repito como loro, pero nadie me cree, ni yo tampoco.

Después de la prueba –y del reto de la Cata- nos fuimos a tomar unas cervezas con algunos de mis compañeros. El lugar escogido fue un bar escondido que queda en el Barrio Universitario cerca de República, no me acuerdo cómo se llama. Entramos y parecía un típico restorán familiar de medio pelo, con mesas bonitas y manteles rojos –impecables- debajo de unas aceptables alcuzas con aceite y vinagre. Detrás de las mesitas bonitas estaba el sucucho que destacó por no tener nada más que unas cuantas mesas blancas rayadas y amontonadas en una esquina. No había nada más que mesas y sillas colegiales en muy (¡muy!) mal estado. El ambiente estaba muerto, éramos sólo nosotros, no más de ocho hombres con ganas de tomar. Al poco andar, y después de armar una especie de mesa familiar tuvimos un golpe de suerte, ese que siempre llega y uno nunca se lo explica; llegaron de pronto y sin aviso al mismo lugar roñoso cinco chicas de nuestra edad y se sentaron cerca de nuestra mesa. Apoyados por las dos rondas de Escudos que habíamos tomado, logramos hacer buenas migas con las muchachas y entramos en onda inmediatamente. Venían de la Santo Tomás y estudiaban algo que tenía que ver con Biología, creo.

El Horacio y el Rubén se engancharon a las más ricas de inmediato, siempre lo hacen, tienen esa cuestión que les gusta a las minas de primera, esa pinta media cuiquita y entradora, tipo jugador de rugby del Stade Francais. Yo me quedé conversando con Claudia; tenía dieciocho y, cómo era de esperar, su primer año en la universidad, pero lo más importante era que tenía el mismo nombre que mi profesora del preu, mi amor platónico. A medida que pasaron las horas y las cervezas, conversamos más de lo que jamás hubiera apostado con esta nueva conocida-desconocida, nos reímos bastante y algo empezó a pasar: el ambiente se ponía un poco caliente –no sé si por efecto de las Escudos o de los Reegaetones que habíamos programado en el wurlitzer- pero yo me estaba empezando a entusiasmar con mi nueva amiga. El sucucho estaba colmado de gente y se había convertido en un excelente lugar para relajarse de día. Con la Claudia nos levantamos y nos pusimos a bailar al ritmo de Daddy Yankee. Entre tanto el Rubén y el Horacio ya se habían perdido qué rato con las chicas lindas.


Reflexión

Es bien caliente el regaeetón, los movimientos logran despertar a cualquiera. De hecho el “perreo”, cómo se le dice a los pasos ocupados en este baile centroamericano, deriva del movimiento que existe en el apareamiento de los perros. Así que decir: “perriemos”, es equivalente a decir:“follemos”. ¿O no?






En el sucucho

La Claudia es de esas que tienen su no sé qué, no es guapetona de team de Reñaca, pero uno igual la miraría en la calle. Ambos estábamos semi-borrachos. “Necesito ir al baño, no te vayas” me dijo con una mirada demasiado provocadora. Algo me decía que tenía que acompañarla. El baño era inmenso y mal cuidado. No nos soltamos de la mano, me metí con ella al desastroso retrete y nos comenzamos a besar delante de otra pareja de lesbianas que estaba haciendo lo mismo. La subí al lavamanos con las piernas abiertas y le mordí su oreja derecha. Cinco minutos después estábamos en un w.c, ella sobre mí, ambos con los pantalones abajo, saqué un condón de mi bolsillo (siempre listo), y me vi simplemente teniendo sexo porque sí. Sexo en el baño, ese que se cuenta, ese que es necesario. Terminado el acto, salimos de la casetita y nos lavamos las manos de la forma más normal. A mí lado estaban haciendo lo mismo el Horacio y el Rubén con sus respetivas conquistas, nos miramos, nos reímos, ninguna palabra fue necesaria, simplemente una risa medio borracha. Después de un rato volvimos a tomar más cervezas con nuestros compañeros de universidad, ya no estábamos de la mano con la Claudia. La calentura había pasado. No volvimos a hablar en toda la tarde. No intercambiamos teléfonos, ni supe si estaba pololeando o no. Hace dos semanas que no la veo y ojalá no me la tope en un buen tiempo más. Simplemente fue y TÁN-TÁN.


21:38 hrs.

- Aló, ¿Pera?
- Sí, hola hueón. ¿Qué se cuenta?
- Ni te imaginai. Voy para tu casa y te digo.
- Listo, te espero. Tengo un ron
- ¿Del bueno o del sin marca?
- Cacique
- En diez minutos estoy en tu casa.




Capítulo 6

A veces me da miedo esto de estar empezando a hacer mi vida. Desde que volví de Nueva York he tenido que pavimentar mi camino con algún fin en específico. Ya nada es como antes. Ahora necesito ponerme a estudiar, tengo que cambiar el switch, cambiar el carrete por los libros y pensar que mi futuro queda mucho más allá que el próximo fin de semana. Sin duda he tenido que madurar bastante, a pesar de que no sé bien si es eso lo que quiero. En las noches me pongo a pensar si prefiero levantarme todos los días a las siete de la mañana para entrar a una sala de clases durante los próximos cinco años de mi vida, aguantando el estrés y la presión de una carrera universitaria, para luego trabajar y ganar dinero y comprarme una casa y un auto y tener una esposa e hijos, separarme, volverme a casar, jubilarme. Porque creo que eso es una vida normal. O si en realidad lo que quiero es tomar una buena mochila y ponerme a caminar en algún bosque medio abandonado en alguna parte perdida de América del Sur, viviendo de la naturaleza sin un destino fijo. Seguramente eso sería más entretenido. Estoy empezando a convencerme que mis necesidades de éxito le ganaron a las de mi felicidad.

Por el momento prefiero no darme tantas vueltas en lo que son mis ideales. Creo que me siento bien en la universidad y estoy tomando un buen camino. En realidad me siento bien cada vez que llego en la mañana y me doy cuenta que la Cata ya está sentada tomando apuntes. Si no fuera por ella, la cosa sería distinta, no me levantaría con tanto ánimo por las mañanas, ni me darían las ganas de ser el mejor de la clase, porque si es que por algo quiero tener unas buenas notas es porque mi sueño es tener algo con la Cata en medio de alguna noche de estudio, en donde yo le esté ayudando a estudiar los tópicos de las ideas en la redacción.

- Hola Benjamín, de nuevo llegaste tarde. ¿qué te pasó? –Por alguna extraña razón, la que me dijo eso fue la Cata.
- Emmm... Hola, ¿cómo estai? Es que me quede dormido, anoche me puse a repasar lo de redacción, eso de los tópicos de las ideas y me dieron las tres de la mañana, ¿a ti te quedaron claros?
- Sí. Son simples, es pura memoria.
- Ah. Que bueno. Igual me podrías ayudar con eso, porque en realidad no lo entendí mucho.
- Sí, ningún problema. También te quería pedir disculpas por haberte dejado hablando solo el otro día.
- ¿Cuándo?
- El otro día, en el Parque Intercomunal, es que había tenido un día horrible y no tenía ganas de hablar con nadie.
- No te preocupes, a todos nos pasa. Disculpa tú, por haberte tratado de “posmo”.
- Estás disculpado, aunque no creo que ser “posmo” sea tan malo. –me dijo semi-riendo.
- Seguramente no... ¿Tienes algún problema demasiado complicado?

(silencio)

- Disculpa, no quise preguntar...
- No, está bien. La verdad es que sí, tengo muchos más problemas de los que quisiera, como todos –me dijo mientras su cara se ponía triste.
- Quizás podamos hablar de eso, después de estudiar eso de los tópicos.
- Quizás.


Diván

La Cata tiene algunos problemas serios. Bastante serios. Pero me he dado cuenta que no existen muchas personas que no los tengan, en realidad la verdadera diferencia va entre quienes los pueden asimilar y aminorar y los que simplemente los toman como la perdición y el desastre total.

El papá de la Cata hace unos días se fue de la casa, llevaba veinte años casado con su primera esposa, la mamá de la Cata, y la relación de un momento no dio para más. Él es un tipo solvente económicamente, tiene varios departamentos en varias regiones en donde destaca el turismo y un par de propiedades en el extranjero. Un día cualquiera la relación entre los padres de la Cata se echó a perder. Al principio ella no sabía por qué ya no se hablaban, el ambiente en su casa era de esos que se cortaban con cuchillo. La Cata supo que el problema era por otra mujer, su padre se había metido con otra y de paso había tirado por la borda veinte años de feliz matrimonio, el problema mayor es que la otra es la hermana de la madre de la Cata, la tía de la Cata, la madrina de la Cata, la segunda madre de la Cata, lo que pareciera multiplicar el dolor y la angustia por mil. Esto pasó una semana después de entrar a la universidad. María Catalina Undurraga estaba destrozada, y por alguna razón yo estaba siendo el confidente de sus problemas, mientras simplemente me dedicaba a mirar y escuchar a la mujer más bella que había visto en vivo y en directo.



Tópicos de las Ideas:

1.- Definición. 2.- Partes. 3.- El género y especie. 4.- El origen y las causas. 5.- Los efectos. 6.- Atributos y cualidades. 7.- El estado: Estado del objeto o persona, condiciones actuales de ésta. 8.- Las acciones. 9.- Semejanzas o desemejanzas. 10.- Las relaciones. 11.- Las circunstancias. 12.- La finalidad. 13.- La utilidad. .- La conclusión.


Sunday, January 15, 2006

Capítulo 5


Viernes. Diez de la noche.
Quedarse en casa nunca ha sido panorama.

- Pera, ¿qué tenemos para hoy?
- Parece que no hay panorama. –Respondió de mala gana el Pera.
- ¿Y tus compañeras?
- No he sabido nada de nadie. Con esto del fin de semestre, los carretes se cambian por los libros.
- ¡Chuta!. Si tengo algo te aviso. Chao.
- Chao Benja. Hablamos.

Calle José Victorino Lastarria. Once de la noche.
El Benja sale de su casa. Necesita tomar aire. Aunque sea solo.

- ¿Tenís fuego? –Pregunta una chica con onda alternativa.
- Disculpa, no fumo.
- ¿Qué haces por acá? Parece que andas aburrido.
- Vivo por acá. Y sí, estoy súper aburrido.

El Benja se mantenía caminando con dirección al Parque Forestal, no demostraba mucho interés en la chica que hablaba como si lo conociera de siempre.

- Y tú, ¿Qué haces sola por estos lados? Es medio peludo de noche.
- Yo también vivo cerca. Al frente del museo de Bellas Artes. Ando tomando algo de aire, a veces se necesita.
- Yo lo necesito más de lo que querría. Disculpa... me llamo Benjamín, ¿y tú?
- Martina. Pero dime chica, como todos.
- No podrías tener otro sobrenombre. –Responde entre risas Benja -¿Qué haces?
- Estudio diseño en la Arcis, voy en tercero. ¿Tú que haces?
- Estudio periodismo. Voy en primero
- ¿Cuántos años tienes?
- Veinte ¿y tú?
- Veintiuno.

Frontis del Bellas Artes. Cero horas en punto.
Buenas migas entre el Benja y la Martina.

- ¿Por qué te acercaste a pedirme fuego, si no has prendido ni un cigarro desde que nos encontramos?
- En realidad yo tampoco fumo.
- No entiendo.
- Lo que pasa es que al salir de mi casa tuve la corazonada de que hoy conocería a alguien especial. Alguien que marcaría mi vida. Te vi y supe que eras tú.
- La verdad es que soy bastante incrédulo. No te creo nada. Pero te tengo que decir que desde que te vi me inspiraste confianza. Algo raro sentí también.
- Viste, predestinados.
- Raro.
- Raro pero cierto.

Puerta del edificio en donde vive la Martina. Dos de la mañana.
Martina forma parte del young-high-class.


- Bonito edificio. Bonita vista. ¿Con quién vives?
- Con mi hermana. Departamento de solteras.
- Mira tú. Quién lo diría. Tan solitas en esta ciudad llena de buitres.
- Me sé cuidar bien. Me voy Benja. Hablamos.
- Ok. Chao. Un gustazo. Nos vemos.




La chica se convertiría en una de las mejores amigas del Benja. Ellos tienen buena onda, no son iguales pero similares. Benja está empezando a escuchar buena música nacional, ayer se compró el último disco de De Saloon, dice que tiene buenas canciones que le recuerdan más de algún amor-desamor del pasado. La Martina, por su parte, es fanática de Sonic Youth y Weezer, hace algún tiempo que no tiene novio, pero eso no es su problema por estos días. Tiene una onda especial y esotérica. Ama a Cobain. Es casi una chica “posmo”, como dice el Benja.


Otra vez Lastarria. Dos diecisiete a.m.
Suena el celular del Benja.

- Oye hueón, tengo carrete, ven a mi casa altiro.
- Ok Perita, en diez minutos estoy allá.


Tuesday, January 10, 2006

Capítulo 4


Después del mejor verano que recuerde, volví a mi realidad en Santiago. Ahora empezaba mi vida de estudiante universitario. El miedo se había ido, hoy necesitaba comenzar a hacer mi camino propio.

Ocho de la mañana. Otra vez no entiendo el sistema. Son muchos códigos y muchas salas. También mucha gente, muchos más que en el preu.


Flash Back

Uno de mis mejores amigos egresó de la misma universidad que en la que hoy estoy. Se llama Cristian. Le decimos Toti (por su parecido con el jugador italiano). Él me advirtió de lo complicados que son en esta universidad con la cuestión del mechoneo. Me metió miedo. Según el Toti, lo mechonearon dos veces. No creo que sea tanto.


Mechón

El Toti tenía razón. Me mechonearon dos veces. Nunca entendí por qué. Me di cuenta que el mundo universitario es otra cosa, se respira otro aire, un aire mucho más reventado que en otros lados. La marihuana parece estar legalizada dentro de la escuela de periodismo de esta universidad, para que decir el alcohol. Eso me gusta. Siempre he dicho que las libertades se las debe poner cada uno, las restricciones no hacen más que reprimir los sentimientos de las personas, cada cual con lo suyo.

La primera semana no hubo clases, sólo carretes. El parque Almagro, el parque Intercomunal de La Reina, Dieciocho y República se convirtieron en los centros de reunión de nuestras fiestas. Conocí a mucha gente. A demasiada gente. Casi todos son menores que yo. Incluso los que me mechonearon. Siento que nadie tiene mis mismos intereses, todos piensan en las fiestas y las tomateras como algo imprescindible, para mí es sólo un buen momento. Se notan demasiado los tres años de diferencia con mis compañeros. Quizás la única destacada es María Catalina Undurraga, es hermosa, para mí es la más rica de la facultad. Cuando la vi por primera vez, sentí un golpe en el pecho, algo que me decía: -¡Ella, sí, ella es!.

La Cata viene de un colegio cuico, uno que queda en avenida Ossa. Tiene cara de cuica también. En realidad es cuica. Pero me gusta igual. Ella no me pesca. No me mira. No tiene idea que existo. Quizás sea por eso que me atrae tanto, prefiero dejarlo así. Si hay algo que de ella que me cohíbe, es su seguridad. Ella sabe bien que es rica, que todos la miran, que es el centro de la fiesta. Ella sabe que todos los hombres se hacen los interesantes, esperando que ella tenga alguna reacción. Ella entiende que cuando se va, todos somos un poco más reales y dejamos de actuar, inconscientemente, a ser los galanes. La cata sabe como funciona la cosa.


Mi primer diálogo con la Cata fue un desastre. Habíamos llegado hace cinco horas al parque Intercomunal de La Reina, teníamos mucho ron Midjans y algo de Coca – Cola. Estaba medio borracho y no hice más que insultarla sutilmente.

- Me encanta la idea de estudiar periodismo, es lo que siempre quise, me gusta mucho escribir y hablar con la gente. En realidad eso me lo dio a conocer una profesora que tenía en el preu. Porque yo hice un preu. No me fue tan bien en la PSU. Y tú, ¿por qué estudias periodismo?
- No sé, me gusta...
- Que bueno que te guste. En realidad a mi también me gusta ¿ya había dicho eso?. Debe ser por efecto de este ron que me estoy tomando. Dime algo, ¿te gusta Nirvana?
- Sí, me agrada Cobain.
- En realidad mi pregunta era algo capciosa. Bueno, no tanto tampoco. Te preguntaba porque Fuguet, el escritor de “Mala Onda”...
- Sé quien es Fuguet.
- ¡Ah!, en realidad, si estudias periodismo es obvio que sabes. Continúo. Fuguet, el de Sobredosis, habla del prototipo de mujer “posmo”. Mujeres que estudian periodismo, son viudas de Cobain, son algo esotéricas, y tienen una onda cultural pop. En realidad ahora estoy empezando a dudar si eso lo dijo Fuguet...
- Disculpa, tengo que ir al baño.



Paréntesis

Lamentablemente la Cata entendió bien lo que dije, el problema es que yo no lo quise decir. Lo dije de curado. Se me salieron las palabras. Lo de las mujeres “posmo” lo saqué de la revista Rock & Pop número uno. La tengo guardada bajo siete llaves, es del 94 y tiene una foto de Kurt Cobain en la portada.


Seguido

- ¡Guata!, tráete el ron, por favor.








Capítulo 3

Inicio-Fin-Inicio.

Mi relación con la Ale fue más buena que mala. Duramos poco menos de un año. Terminamos porque simplemente nos aburrimos de estar juntos. Lamentablemente la empecé a valorar cuando ya no nos decíamos te quiero. La busqué, pero ella ya no estaba dispuesta a volver conmigo. –Nuestro tiempo ya pasó, no quiero volver a lo mismo –me dijo. Creo que fui yo el que quedó peor con la ruptura.

La Ale tenía la idea de estudiar medicina donde fuera. Yo le decía que era más fácil ganarse el Loto. En la PSU no le fue tan bien, se matriculó en bachillerato de ciencias en la Andrés Bello. A mí me alcanzó el puntaje para lo que quería en cualquier universidad estatal, pero fuera de Santiago. Estuve a punto de irme a la Universidad de la Frontera, en Temuco, al final no me atreví. Soy un enemigo del frío, y no estaba dispuesto a despertarme con –10ºc todo el invierno.

- Puta, me faltaron diecisiete puntos para quedar en la Chile. ¿Qué hago? –le pregunté al Pera y al Memo.
- Ándate a Temuco, no seai hueón, te vai a acostumbrar –sentenció el Memo
- ¡Tai loco!, de verdad que no puedo con el frío. Es como una enfermedad –refuté.
- Matricúlate en una privada. De verdad. Eso es que lo que vai a tener que hacer –Otra vez el Pera estaba en lo cierto.


Otra vez es verano. Mi mamá, como siempre, estaba de acuerdo con lo que le decía. “Mientras sea lo que tú quieras”, siempre me dice. 30ºc. Mi firma y la de mi mamá estaba en el contrato de una afamada universidad privada.


Holidays

Me siento bien. Creo que saber que estoy empezando a hacer las cosas correctamente me tiene tranquilo. Si es que puede hablar de que hacer las cosas correctamente es tener claro lo que se quiere estudiar. Ahora hace calor, es febrero, necesito vacaciones, no por estrés, porque hace tres años que la palabra responsabilidad la escribo con ve-corta, sino porque sencillamente es verano, y no existe nada mejor que salir de vacaciones o a veranear como dice mi mamá.

Siempre vamos a Pucón, nos quedamos en unas cabañas que están al comienzo del camino internacional. Nos demoramos veinte minutos caminando al centro. Este año mi mamá invitó al Pera. Es el que mejor le cae de todos mis amigos. En un principio la idea era invitar a la Ale, pero todo se acabó un par de meses antes. La verdad es que yo prefiero ir con el Pera. –Hermano, la fidelidad es una utopía innecesaria –siempre dice el Pera. –La fidelidad, en un pololeo, tiene un área de cien kilómetros a la redonda -Digo yo. No sé bien por qué me acordé de eso ahora.

Esto es sólo un barniz de mi vida. Pero les puedo asegurar que no he tenido otro verano como aquél. Quería olvidar a la Ale. Y de que manera lo logré. Pucón está lleno de gringos en el verano. Cuando se daban cuenta que yo hablaba inglés, me invitaban los tragos que quisiera, simplemente debía decir en buen inglés lo mismo que hablaba con el Pera. También son excelentes las argentinas. Me acuerdo de la Valentina, venía de San Juan, iba a competir en el Half Ironman, y se notaba que su cuerpo estaba entrenado como el de una “mujer de acero”. La Vale se quedaba en la cabaña vecina a la nuestra. En las mañanas salía a entrenar en su bicicleta Cannondale, en la tarde nadaba en el Calafquén y después corría cuarenta minutos por el centro. ¡Qué mujer!. Sin duda lo peor fueron las minas chilenas, todas cuicas y creídas, son las únicas que no pescan.

El Pera se enganchó con una gringa que venía de Jacksonville. La verdad que la gran gracia que tenía era su acento raro. No tenía ni pechugas ni poto, era bien desabrida. Según el Pera, le calentó que le dijera cosas cochinas al oído en inglés.

- ¡Hueón!, ¿Qué siginifica: Fuck my ass, babe? –El Pera pasó todos los años con inglés rojo en el colegio.
- Pera, hermano, usted juegue. Haga lo que quiera. Tiene free pass.

Después del Half Iron Man, fuimos a celebrar el segundo lugar de la Vale en La Playa. Tomamos un par de tequilas y mi galantería nacional se la jugó con la trasandina. El resultado: Terminé comprobando que la argentina era una verdadera mujer de acero en el ring de las cuatro perillas. No quiero pasar por adulador, pero que una “ché” te diga que eres el Mark Allen del sexo, significa algo.




Monday, January 02, 2006


Capítulo 2

Cuando llegué a Chile, me di cuenta que las cosas estaban iguales. Mi mamá seguía con su pololo. Mis amigos tenían el pelo más largo. Y en la tele Sergio Lagos la estaba rompiendo con los Reality Show. Ahora tenía ganas de empezar a hacer algo, no quería seguir con mi rutina diaria de despertar-comer-dormir. Estudiar era la opción que todos los hijos de los compañeros de trabajo de mi mamá tomaban. La universidad la encontraba algo demasiado exigente para un tipo como yo. –No sé que estudiar, ni siquiera sé si quiero estudiar. -Le comenté al Pera, mientras nos conversábamos unas chelas. –Si no sabí que estudiar, no te metai a la “U”, ¿hai pensado en un preu?, el de la Chile es re-bueno, los profes son medios hippies y estai cerca de Brasil, así podí estudiar y carretear, para no estresarte, digo. –me respondió sabiamente el Pera, mientras chorreaba su polera de Iron Maiden autografiada por Dickinson.


PAUSE II

Al Pera yo le creo, lo encuentro un tipo serio, tiene 23, estudia auditoria en la Utem, el otro año debería titularse. Carretea conmigo y me enseñó que era mejor fumar de la verde que de la otra. Es uno de mis mejores amigos, lo conozco desde chico, no sé bien desde cuando. Veíamos juntos Pipiripao, cuando Nicolini era entretenido.


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Era verano. Convencí a mi vieja que me matriculara en el preu de la Chile. Ella quería que estudiara en alguna universidad privada. Yo creo que quería contarle a sus compañeros de oficina que su hijo era universitario, eso da un cierto status, a los viejos les produce orgullo.
Estudié. Sí, estudié harto. Carretié. Sí, carretié demasiado. Durante mi estadía en el Preufech hubo un par de acontecimientos que son dignos de destacar. En primer lugar, y gracias a mi profesora de Lenguaje y Comunicación, me decidí por Periodismo. Ella encontraba que escribía bien y que tenía buena onda para hablar con la gente. Con la Claudia (así se llamaba la profe, en el preu tuteábamos a casi todos los pedagogos) nos quedábamos conversando después de sus clases. Nos reíamos harto. –Tengo varios amigos periodistas, si bien el campo está ultra copado, los buenos siempre tienen un espacio, y yo a ti te veo futuro, no sé por qué. –aseguró la Claudia. Si ella lo decía, tuvo que haber sido por algo. A ella le creía todo. Además de inteligente, es la profesora más rica que me ha hecho clases en mi vida. Delgada, intelectual, firme en sus ideales (creía en la “intelectualización” del país para lograr un real surgimiento igualitario). Recuerdo que cuando ella fumaba en sus clases, todos permanecíamos pendientes del humo que salía de su boca. Creo que todos soñamos con ser esa fumada en algún momento.


FAST FORWARD >>

La Claudia hoy trabaja en un liceo que educa con la filosofía del arte. Los principales ramos son: pintura, música, danza y literatura. Ella está encargada de las letras. Sé todo eso porque me la encontré en la micro una vez. Yo había llegado hace una semana de Nueva York y teníamos varías horas pendientes de conversa. Nos metimos en un café del centro (en un café con los vidrios transparentes, no polarizados) y conversamos hasta que se nos hizo tarde. Hablamos de todo. Incluso le declaré mi atracción hacia ella, a lo que me respondió con una risa casi burlesca. –¡ja!, Una cosa te puedo decir: las atracciones sentimentales casi siempre son, de una u otra manera, recíprocas. –me dijo con su tono intelectual, mientras me tiraba suavemente el humo de su cigarro en la cara. No supe que responder, me debo haber puesto rojo. Diez minutos después terminó nuestra improvisada reunión. Ella se fue para su casa, yo para la mía, nos despedimos con un beso en la cara y yo la quedé mirando mientras desplazaba su figura perfecta de mujer treintona por Huérfanos.


REWING <<
Otro accidente que tuve en el preu fue haber conocido a la Ale. Alexandra Marín. En realidad sí, fue un accidente. Era la primera semana de clases. Yo no entendía mucho el sistema del preu. Muchos códigos, salas y profesores me tenían un poco desconcertado.

- Disculpa, ¿sabes donde está la sala 17? –le pregunté a la mujer más bonita que encontré cerca.
- Está en el segundo piso. Yo también tengo clases de Sociales. ¿Vamos?.
- ¡Vamos!. Me llamo Benjamín ¿y tú?
- Alexandra. Ale. –me respondió mientras subíamos una antigua escala.

Algo me atraía de ella. Era bonita, pero no la más rica del preu. Me encantaba su onda. Tenía pinta de chica mala, ojos azules y pelo negro. Le gustaba Faith no More e Incubus. Hablábamos harto. Había onda entre nosotros. Una vez fuimos a estudiar al tercer piso y comenzamos a jugar a darnos besos. A las dos semanas la Ale se convirtió en la segunda polola de mi vida. A pesar de que hace años no visitaba una feria libre, había encontrado mi media naranja.







Capítulo 1


Hola. Quizás sea bueno que me presente. Me llamo Benjamín, tengo 21, estudio Periodismo en una universidad privada (me faltaron diecisiete puntos para quedar en la Chile), no me quejo de la educación que ahí me dan. Vivo en el centro, cerca de la Plaza Italia. Escucho a Illya Kuryaki y a Incubus, a veces me pongo medio punk y me da por Papa-Roach y Sex Pistols, pero eso es sólo a veces. No tengo polola, pero hace poco tuve una. Lo de mi ex se me pasó casi por completo, ahora me estoy enganchando con una compañera de mi universidad, ella es dos años menor que yo, se llama Cata. Bueno, en realidad María Catalina, pero le carga que la llamen por su nombre completo y menos María a secas (la verdad es que a mi también me parece un poco pasado de moda y hasta casi religioso). Entre la Cata y yo no pasa nada. Una vez nos dimos un par de besos locos, pero fue de curados. En realidad ella fue quien dijo eso. Creo que la Cata prefiere tenerme como amigo y a mí me da miedo intentar algo más, por la sola posibilidad de que se espante y se aleje. Por lo menos así logro oler su cuello cada mañana que la saludo con un beso en la cara.

Tengo varios amigos. Amigos de primera, segunda y tercera. Amigos al fin. Algunos por la necesidad de no estar sólo, otros por una cuestión de relación de años, otros son amigos de carrete y sus derivados y otros “amigos”, así, entre comillas. El José, el Memo, el Pera, el Toti, la Chica y el Guata son los que se me vienen a la mente en este momento, ellos deben ser los más importantes. Si se me escapa algún nombre, seguramente me arrepentiré, pero todos saben que soy medio cabeza de pollo. Con los muchachos carretiamos harto. Tomamos harto. Nos drogamos a veces, casi siempre cuando la noche está aburrida, y nunca con drogas muy fuertes, a lo más un poco de marihuana y algo de Cloruro de Etilo o “popper” (eso lo aprendí en mi colegio, era casi un ritual para los que pasaban a cuarto medio). El Cloruro lo compramos en una farmacia donde nos venden sin tener receta. El “popper” produce una inmensa risa que dura al rededor de un minuto. Después de eso quedamos como si hubiéramos corrido varias cuadras delante de los pacos. Agitados y excitados.

Algunas veces pienso que a mis 21 debería estar empezando a hacer algo importante con mi vida. La verdad es que recién empecé a estudiar lo que quiero. Los años anteriores los dividí entre estar tirado en mi cama viendo tele, vivir durante casi un año en la casa de mi tío en Nueva York -en realidad en Port Chester, que está al lado- y tomar un año sin presiones, estudiando-carreteando, en el preu de la Chile. Creo que está claro que lo menos provechoso fue mi año post-educación media, en donde me dediqué rotundamente a no hacer nada. Incluso me aburría el hecho de despertar y quedar desocupado. Mi mamá se cansó de eso, y con la necesidad de darme una buena enseñanza, juntó plata y me mandó donde su hermano mayor, José. –¡Es hora de que alguien te dé una buena lección sobre la vida, José ha sabido ganarse la suya y estoy segura que logrará lo que yo no he podido: hacer que despiertes, que alguna vez tengas ganas de ser alguien!. ¡Haz desperdiciado tu vida!. –me gritó ultra choriada. En realidad me dolió lo que me dijo mi mamá esa vez, ella nunca me trata mal, pero la felicidad que sentí al saber que mi castigo era ir a vivir durante un tiempo indefinido a la tierra de los Mc Donalds y del Empire State, era superior a cualquier mal rato.

La única vez que había visto a José, mi Tío, yo tenía como 8 años y no me acuerdo de mucho más que de los días enteros que viajamos en su auto desde Nueva York hasta Orlando, con el único fin de ver a la réplica del ratón Mickey y a varios tipos con movimientos afeminados disfrazados de Chip y Dale.

Ahora tenía 19, un bolso inmenso, sueño y hambre. Volé. Llegué. Estaba sólo. José me fue a buscar al aeropuerto. Al Newark International Airport. Simplemente para resumir: hoy José es mi mejor amigo. No recuerdo otro año como ése. Aprendí de mujeres, apuestas, internet, drogas, peleas y Mc Donalds más rápido que cualquiera de mis amigos en Chile. Un año después de haber llegado a Estados Unidos, supe que mi mamá no podía con la depresión que le producía el tener a su único hijo al otro lado del mundo. Me levantó el castigo, y tuve que volver (obligado) al país que se está cayendo del mapa.